Felipe A. Páucar Mariluz*
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| “La gente que combate el fuego con fuego, usualmente termina con solo cenizas.” Abigail Van Burén. |
"El Perú ya vivió en los años
noventa lo que ocurre cuando un gobierno decide que su tolerancia tiene un
límite. Lo viven actualmente diversas dictaduras enquistadas en el poder en el
mundo. Por eso vale la pena cuestionar estas frases antes de que se normalicen."
(La República, 30/09/2026).
El ejercicio del periodismo en el Perú
atraviesa un escenario sumamente complejo, marcado por una profunda
transformación tecnológica, inestabilidad política, presiones de diversa índole
y una crisis estructural en los modelos de negocio. En un contexto de crisis de
gobernabilidad constante, la cobertura periodística corre el riesgo de verse
arrastrada hacia trincheras ideológicas, lo que debilita el rol fiscalizador
neutral y objetivo que la ciudadanía demanda. La transición de los medios
tradicionales (impresos y televisión abierta) hacia el entorno digital ha
disminuido drásticamente los ingresos por publicidad física, lo que conduce al
mercenarismo espacio del crimen organizado, tal como sucedió con mayor énfasis
en la década de 1990.
Historia y Memoria.
La Historia y Memoria, son dos motores
interconectados pero distintos en la construcción de la identidad nacional del
Perú. Mientras que la Historia sistematiza los hechos a través del método
crítico y las fuentes. La Memoria representa las vivencias ocurridas y
transmitidas por las comunidades, los pueblos originarios y los colectivos
ciudadanos mediante escritos, imagen y voz. El trabajo sobre el periodo de
violencia política o Conflicto armado interno (1980–2000) ha demostrado la
importancia de la verdad, la reparación e institucionalización de espacios de
memoria como el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM).
Conocer el impacto de los abusos de poder y la corrupción a lo largo del siglo
XIX y XX ayuda a fortalecer la conciencia ciudadana frente a las amenazas
institucionales en la actualidad. Es tarea cívica enfrentar los intentos por
reescribir la Historia o modificar la Memoria según intereses mezquinos de
grupos elitistas adscritos al crimen, autoritarismo y corrupción.
Dictadura y Democracia.
La resistencia a la dictadura
fujimorista en el Perú durante la década de 1990 constituyó un proceso
multisectorial que enfrentó la captura de las instituciones democráticas, la
corrupción sistemática y las violaciones a los derechos humanos tras el
autogolpe de Estado del 5 de abril de 1992. El régimen instaurado por Alberto
Fujimori y su asesor de inteligencia, Vladimiro Montesinos, se sostuvo sobre el
Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), el sometimiento y control de las
Fuerzas Armadas y de los poderes Judicial y Legislativo. El Autogolpe de 1992.
La disolución del Congreso e intervención de los tribunales justificó la
concentración del poder bajo el discurso de la lucha contra el terrorismo y la
estabilización económica. Control mediático. El régimen cooptó paulatinamente
las líneas editoriales de la televisión abierta y financió la prensa chicha
para desacreditar a la oposición. Los frentes de resistencia civil y política.
La oposición al régimen se organizó en diversos frentes que cobraron mayor
firmeza hacia la segunda mitad del decenio. Movimiento estudiantil y
universitario. Las universidades públicas, particularmente la Universidad
Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) y la Universidad Nacional de Educación
Enrique Guzmán y Valle (La Cantuta), fueron centros de resistencia pacífica
frente a la intervención militar de sus campus. La matanza de La Cantuta (1992)
por el Grupo Colina se convirtió en una causa emblemática denunciada
permanentemente por los estudiantes. Movimiento laboral y sindicatos. La
Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) y diversos gremios de la
sociedad civil organizaron paros nacionales y marchas contra las políticas de
flexibilización laboral, la privatización de empresas estatales y la
flexibilización del régimen del trabajo. Oposición parlamentaria y periodismo
de investigación. A pesar de la hegemonía oficialista en el Congreso
Constituyente Democrático (1992) y el Congreso de 1995: Fuerzas políticas, dirigentes
y congresistas de la oposición denunciaron los abusos de poder y la impunidad
impuesta por leyes como la Ley de Amnistía de 1995. Prensa independiente:
Medios como la revista Caretas, el diario La República, Canal N (a partir de
1999) y programas de investigación periodística expusieron matanzas, corrupción
y el espionaje telefónico del SIN. Organizaciones como el Instituto Prensa y
Sociedad, IPYS, el Consejo de la Prensa Peruana, la Asociación Nacional de
Periodistas, la Coordinadora Nacional de Radios, CNR, la Asociación Pro
Derechos Humanos, Aprodeh, Transparencia Internacional, Amnistía Internacional,
la Cruz Roja Internacional, ONU, OEA, entre otros tuvieron un papel relevante
en el proceso de resistencia a la dictadura y recuperación de la democracia.
Momentos clave de articulación
ciudadana: 1996 Referéndum contra la Ley de Reelección Presidencial: Firmas
campesinas y ciudadanas violentado por el Congreso oficialista. 1997
Destitución de los magistrados del Tribunal Constitucional. Generó el surgimiento
del movimiento cívico "Foro Democrático". 1997. Movimiento de los
Lavados de Bandera. Colectivos de la sociedad civil (Colectivo Sociedad Civil)
lavan la bandera en la Plaza Mayor en señal de protesta moral. 2000. La Marcha
de los Cuatro Suyos (26-28 de julio). Movilización nacional masiva liderada por
la oposición tras las fraudulentas elecciones del 2000. Colapso del régimen
(2000). El debilitamiento definitivo de la dictadura fue producto de la
acumulación de la presión social interna y la presión diplomática externa
(misiones de la OEA): Difusión de los Vladivideos: En septiembre de 2000, la
revelación del video en el que Vladimiro Montesinos entregaba dinero al
congresista Alberto Kouri expuso la red de corrupción que sostenía al régimen.
Renuncia y caída: Fujimori viajó a la cumbre de APEC en Brunéi y posteriormente
a Japón, desde donde envió su renuncia por fax en noviembre de 2000. El
Congreso rechazó la renuncia y declaró la vacancia por incapacidad moral
permanente, dando inicio al Gobierno de Transición liderado por Valentín
Paniagua.
Nuevo fujimorismo. La historia
repetida.
En campaña por la presidencia la
señora Fujimori, asumió: “Gobernaré como mi padre”, y su primer discurso como
presidenta en la 81 Asamblea de la ONU fijó la posición de su gobierno en
contra de los derechos humanos y a favor de las leyes pro crimen y pro
impunidad, casi nada sobre la corrupción sistémica e institucionalizada, al que
suma la amenaza de cerrar la Cámara de Diputados si no se aprueba la delegación
de facultades como ella quiere, “Están poniendo a prueba nuestra paciencia”,
(una situación similar le sirvió a Alberto Fujimori para cerrar el Congreso
mediante el autogolpe de Estado el 5 de abril de 1992) son gestos arrogantes y
retadores que deben ser asumidos por el periodismo independiente afín estar
vigilantes de las decisiones que se adopten con relación a la libertad de
expresión, prensa, opinión y a todos los derechos constitucionales en riesgo de
ser vulnerados. Y, aunque la población ya empezó a cobrarle con la caída del 60
al 42% de aprobación en solo dos meses, la actitud subordinada de un sector de
medios y periodistas que han demostrado doblez y sesgo con la integridad y la
verdad, nos impone una firme vigilancia. 2. El casi silenciamiento informativo
del feroz asesinado de la periodista Susy Aponte Polo, “china polo”, ejecutado
por el crimen organizado es un mensaje que evidencia el presunto control que
ejercerían poderes ocultos, quienes deciden qué información se difunde y qué se
oculta. 3. La conducta reprochable de la periodista Milagros Leiva en el caso
de violación de un alumno del colegio Liceo Naval, parcializándose con los
violadores y ensañándose con la víctima, es un repudiable mensaje de
amedrentamiento que busca la impunidad para los violadores tratados con grandes
beneficios y privilegios en reclusión. El Comercio suspendió el programa
‘Siempre a las 8’ que conducía con autosuficiencia. 4. La postura del gobierno
y poderes fácticos en contra de los periodistas César Hildebrant y Gustavo
Gorriti, entre otros, mediante el acoso y propaganda negra podría ser un recado
de lo que puede pasarle a otros periodistas incómodos al dogmatismo y a la
criminalidad. 5. No menos alarmante es convivir con medios y periodistas
aliados con la corrupción en el poder. Las últimas campañas electorales son un
barómetro social difícil de soslayar o mirar de costado, toda vez que la
empatía y disciplina gremial ha fracasado. 6. La actitud contra la prensa de su
país del mandamás del denominado ‘Escudo de las Américas’, Donald Trump, que
vetó a CNN con el argumento que no tenía credibilidad, motivando el respaldo de
otros gigantes de la comunicación rechazando tal arbitrariedad e infringiéndole
un duro revés a su pose autoritaria y narcisista, debe ser motivo de alerta
porque el mal ejemplo cunde o se impone. 7. El periodismo de investigación
mediático transita por los pasillos alfombrados de un oficio que según
evidencias favorece a los grandes conglomerados de medios y a Ongs., que se
disputan las medallas y cartones para seguir recibiendo apoyo de empresas,
instituciones u organismos internacionales con el objetivo de un presunto
combate a la corrupción y freno al abuso de poder pero que pone énfasis en la
viga del ojo ajeno, es algo que no deberíamos pasar por alto. Éstos son algunos
hechos que marcan la penosa situaación del periodismo peruano, a pesar de los
retos y desafíos por superarla.
Crisis y Criminalidad.
El ejercicio del periodismo y la
libertad de prensa en el Perú atraviesan un periodo crítico, caracterizado por
una convergencia de riesgos que amenazan tanto la integridad física de los
reporteros como el ecosistema de medios independientes. Organismos
multilaterales y gremios como la Asociación Nacional de Periodistas del Perú
(ANP) y el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) registran un
aumento constante en las agresiones e intimidaciones mediante: 1. Crimen
Organizado y Sicariato. El incremento de actividades de minería ilegal,
narcotráfico, extorsión criminal y corrupción institucionalizada ha expuesto de
forma crítica a los periodistas de investigación, en particular en regiones
fuera de Lima. Autocensura: Periodistas y medios locales que cubren
delincuencia organizada u obras públicas sujetas a corrupción reciben amenazas
de muerte directas, obligando a algunas redacciones a suspender investigaciones
o retirar contenidos por falta de garantías de seguridad. 2. Acoso Judicial y
Guerra jurídica. El acoso judicial mediante querellas por difamación o calumnia
formuladas por actores políticos o autoridades se utiliza como herramienta de
amedrentamiento. Aunque la mayoría de las denuncias terminan en absolución,
someten a los comunicadores a un prolongado desgaste económico, psicológico y
profesional que desincentiva el periodismo fiscalizador. 3. Hostigamiento
político y retórica estigmatizante. Desde sectores del Poder Ejecutivo, el
Congreso de la República y diversos frentes políticos se promueve un lenguaje
polarizado que estigmatiza a la prensa crítica. Bloqueo de acceso a la información.
Existen barreras institucionales recurrentes para acceder a actos públicos o
información oficial bajo el régimen de transparencia. 4. Precarización laboral
de la prensa regional: Una alta proporción de reporteros en provincias trabaja
de manera independiente (freelance) o bajo la modalidad de alquiler de espacios
en medios de comunicación locales, sin respaldo legal, financiero ni de
seguridad. Falta de eficacia en los mecanismos de protección: Las fiscalías
especializadas y las fuerzas del orden a menudo enfrentan limitaciones
presupuestarias o falta de celeridad al atender denuncias por amenazas directas
contra hombres y mujeres de prensa.
Dignidad e Integridad.
El periodista ejerce el periodismo
sobre el compromiso con la verdad, la independencia ética y la función social
frente al poder. La distinción entre el periodista íntegro y el periodista
indigno refleja dos concepciones opuestas del oficio: una entendida como un
servicio público de fiscalización y otra como un instrumento de propaganda o
beneficio particular. El periodista íntegro concibe la profesión como un
compromiso indisoluble con la verdad contrastada y el interés público,
manteniendo autonomía frente a presiones políticas, económicas o ideológicas.
Actúa como un contrapoder (el "perro de guardia"). Su labor principal
es investigar y documentar hechos de relevancia pública, independientemente de
a quién perjudiquen o beneficien. No difunde rumores ni especulaciones; basa
sus informaciones en la contrastación rigurosa de fuentes, documentos y
evidencia empírica. Se resiste a la cooptación por parte de gobiernos, partidos
políticos, grupos corporativos o intereses económicos. No vende su línea
editorial ni su opinión por pauta publicitaria, favores o acceso privilegiado.
Reconoce sus errores de manera pública cuando se equivoca, deslinda con
claridad la información objetiva de la opinión y rechaza cualquier conflicto de
interés. El periodista servil o indigno, frecuentemente denominado mercenario,
sobón o propagandista, subordina la búsqueda de la verdad a los intereses de un
actor externo (político, empresarial o financiero) a cambio de retribuciones
económicas, protección o estatus. Funciona como una correa de transmisión del
discurso oficial o de sus patrocinadores. Oculta deliberadamente datos
desfavorables para sus protectores y magnifica las narrativas convenientes.
Utiliza el espacio mediático para amplificar campañas de desprestigio o chivos
expiatorios contra los críticos o rivales de quienes le financian. Aplica una
doble vara de medir; exige rigor extremo para las faltas de sus adversarios
mientras justifica o silencia las irregularidades de su propio sector. Su
lealtad no está con la audiencia, sino con la fuente de financiamiento o la
pauta publicitaria dirigida con criterios políticos. La ética es clara frente al servilismo
periodístico que no solo responde a decisiones individuales, sino también a
distorsiones del entorno mediático y político. Cuando la supervivencia
económica de un medio depende enteramente de la publicidad estatal o de un
oligopolio empresarial, la independencia periodística individual se ve
severamente condicionada. La inestabilidad salarial e institucional expone a
los reporteros a presiones externas y a la tentación del clientelismo para
mantener sus puestos o ingresos. Frecuentemente se da el uso de la información
confidencial o del acceso a entrevistas como mecanismo de chantaje de los
gobiernos o corporaciones que premian al periodista dócil con exclusivas y
aíslan o vetan al investigador crítico.
La condescendencia mediática no
siempre obedece a la mala fe individual; a menudo responde a incentivos
perversos dentro del ecosistema de medios: Cuando la subsistencia de medios o
periodistas depende del presupuesto publicitario de un gobierno o de un
conglomerado empresarial, la firmeza investigativa cede ante el temor a la
quiebra o la asfixia financiera. El miedo a perder la cercanía con las fuentes
de alto nivel (ministros, jueces, fiscales, ejecutivos), si un periodista es
demasiado incisivo, la fuente lo veta y le corta el flujo de primicias o
exclusivas. La prisa por publicar, la falta de presupuesto para investigaciones
de largo aliento y la sobrecarga de trabajo obliga a los reporteros a aceptar
versiones oficiales sin cuestionar los matices. La ceguera voluntaria que
ocurre cuando el periodista comparte la visión del mundo del investigado,
asumiendo implícitamente que "los fines justifican los medios". La lenidad
periodística interrumpe la cadena de rendición de cuentas en una democracia y
genera efectos profundos en la sociedad: Al no presionar públicamente a las
instituciones judiciales o fiscalizadoras, los casos de corrupción o abuso de
poder se dilatan hasta prescribir o archivarse en la sombra. Cuando la
ciudadanía percibe que el periodismo calla o suaviza las faltas de los
poderosos, la credibilidad del medio colapsa, abriendo paso a la desinformación
y al cinismo social. En investigaciones sobre abusos, minería ilegal,
narcotráfico o fraudes financieros, la lenidad periodística deja indefensas a
las víctimas directas mientras protege a los perpetradores.
Periodismo y Dictadura.
En los regímenes autoritarios, la
relación entre el poder político, los medios de comunicación y el periodismo
pasa de ser un sistema de contrapeso a convertirse en una dinámica de control,
opresión y subordinación. A diferencia de las democracias, donde la prensa
actúa como un fiscalizador del poder, los gobiernos autoritarios ven a la prensa
independiente como una amenaza directa a su hegemonía. Los gobiernos
autoritarios utilizan diversos mecanismos, tanto legales como extrajudiciales,
para doblegar el ecosistema informativo como: Cierre de medios independientes.
Clausura o estrangulamiento económico (retiro de pauta estatal, denegación de
licencias) de medios críticos. Monopolizan la señal con la creación de grandes
conglomerados de medios públicos convertidos en aparatos de propaganda.
Tipificación de delitos ambiguos como desacato, traición o ciberdelincuencia
para encarcelar o multar a periodistas. Demandas masivas por difamación
impulsadas por funcionarios públicos contra investigadores o editores.
Amenazas, detenciones arbitrarias, agresiones y, en casos extremos, asesinatos
de periodistas con impunidad estatal. Periodistas y redacciones enteras
desplazadas al extranjero para continuar reportando desde la diáspora. Compra
de medios privados por parte de oligarcas o empresarios afines al régimen,
neutralizando la línea editorial sin necesidad de cerrarlos oficialmente.
Frente al cerco estatal, la labor periodística se fragmenta en distintas
posturas dentro del territorio: Medios y comunicadores que reproducen la
narrativa del régimen a cambio de financiamiento, protección o acceso exclusivo
a fuentes oficiales. Surge el Periodismo clandestino o resiliente con
coberturas de investigación realizadas bajo alto riesgo, utilizando
pseudónimos, fuentes anónimas y protocolos de seguridad física y digital. Salas
de redacción operando desde otros países que aprovechan infraestructuras
digitales para burlar el bloqueo geográfico y seguir informando a la población
local.
Transformación y ocaso: del 80 al
2000.
Entre las décadas de 1980 y los años
2000, los medios de comunicación y el periodismo atravesaron una profunda
transformación estructural. En este período se pasó de la cobertura de la
Guerra Fría y el conflicto armado interno en varios países de la región, a la
hegemonía del sensacionalismo y la manipulación mediática estatal en los noventa,
desembocando finalmente en la consolidación del periodismo digital y la
globalización informativa a comienzos del nuevo milenio. La Década de 1980 fue
de crisis, conflicto y redemocratización, retorno a la democracia y restitución
de medios: En América Latina, la década de 1980 estuvo marcada por la
transición desde las dictaduras militares hacia la democracia. En Perú, por
ejemplo, el gobierno de Fernando Belaunde Terry devolvió en 1980 los medios de
comunicación confiscados por el régimen militar previo a sus propietarios
legítimos, reactivando la prensa escrita y la televisión privada. Los
periodistas debieron reportar en medio de severas crisis económicas
(hiperinflación) y violencia política o conflicto armado interno. El periodismo
de investigación enfrentó riesgos mortales, persecución y violencia por parte
tanto de grupos subversivos como de las fuerzas del orden. La radio y los
periódicos impresos continuaron siendo los principales articuladores de la
opinión pública. La televisión avanzó tecnológicamente con la masificación del
color y las transmisiones vía satélite. La Década de 1990, fue la década del
sensacionalismo, captura estatal y transición tecnológica. Durante la década de
1990, en el Perú se desplegó un fenómeno sociopolítico y propagandístico sin
precedentes: la "prensa chicha", diarios sensacionalistas fueron
financiados masivamente con fondos estatales y de inteligencia (bajo la
dirección de Vladimiro Montesinos y el gobierno de Alberto Fujimori) para
orquestar campañas de difamación y psicosociales contra opositores políticos,
periodistas independientes y defensores de los derechos humanos. Las líneas
editoriales de la mayoría de los canales de señal abierta fueron compradas
mediante sobornos en efectivo, limitando el espacio para el periodismo
independiente a contados programas de cable o prensa escrita de oposición. Se
popularizó el periodismo de espectáculos, los programas cómicos de sátira
política y los magacines matutinos, desplazando los contenidos de análisis
profundo a favor del espectáculo y el sensacionalismo. A finales de los
noventa, las salas de redacción comenzaron a incorporar las primeras conexiones
a la red y el correo electrónico, cambiando progresivamente las dinámicas de
procesamiento de información y contacto con las fuentes. Los Años 2000, fueron
de destape de la mega corrupción fujimorista contenidos en los Vladivideos: El
año 2000 representó un punto de quiebre para el periodismo peruano. La difusión
del primer "vladivideo" en Canal N (televisión independiente por
cable), reveló el nivel de corrupción sistemática y la captura de directivos o
periodistas de medios, desencadenando la caída del régimen fujimorista y
abriendo paso a una etapa de rendición de cuentas e investigaciones judiciales
a propietarios de prensa y televisión. A partir de los 2000, los periódicos
tradicionales lanzaron sus versiones en línea, dando inicio a la era del
periodismo inmediatista y la actualización en tiempo real. Aparecieron los
blogs políticos y de investigación, las redes sociales primigenias y los medios
puramente digitales. Aunque la prensa sensacionalista sobrevivió en el mercado,
se reestructuró bajo marcos legales más estrictos frente a la difamación.
Prensa Decadente.
El impacto del fujimorismo en el
periodismo peruano durante la década de 1990 constituye uno de los capítulos
más documentados sobre la instrumentalización de los medios de comunicación
dentro de un régimen autoritario. Durante el gobierno de Alberto Fujimori y la
dirección de la inteligencia estatal por parte de Vladimiro Montesinos, se
articuló una estrategia sistemática para capturar, cooptar y degradar el
ecosistema informativo en el Perú. Esta degradación no operó únicamente
mediante la censura tradicional o la clausura abierta de medios, sino a través de
mecanismos más complejos de corrupción, presión económica y guerra psicológica.
La estrategia del régimen fujimorista para controlar la agenda pública y
neutralizar a la oposición se desplegó en múltiples niveles: Uno de los
fenómenos más distintivos del periodo fue la creación y financiamiento estatal
encubierto de periódicos de bajo costo (conocidos popularmente como prensa
chicha). A través del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), se destinaban
fondos públicos desviados de las Fuerzas Armadas para pagar a editores, dueños
de pasquines y periodistas deshonestos. Titulares masivos contra opositores
políticos, periodistas independientes, intelectuales y candidatos rivales. Se
utilizaba la difamación, psicosociales, ataques a la vida privada, caricaturización
degradante (Carlos Álvarez, Laura Bozo) y lenguaje de bajo nivel orientado a
mellar la reputación de los críticos del régimen. El control de la televisión
fue central debido a su alcance masivo e incidencia en la institucionalización
de la corrupción y el abuso de poder.
En lugar de expropiar los canales, el
régimen optó por la compra directa de los directivos y propietarios mediante
pagos en efectivo en las instalaciones del SIN. Las grabaciones difundidas tras
la caída del régimen en el año 2000 mostraron a empresarios de televisión
recibiendo fajos de dinero a cambio de someter la pauta informativa, censurar a
periodistas críticos y transmitir coberturas favorables a la reelección
presidencial del 2000. La intervención judicial sobre el control de Frecuencia
Latina (Canal 2) y la desposesión de la nacionalidad a Baruch Ivcher tras
denuncias periodísticas sobre abusos del SIN, así como el alineamiento de
América Televisión (Canal 4) y Panamericana Televisión (Canal 5). Los medios
que intentaron mantener una línea editorial independiente enfrentaron
represalias indirectas como: Retiro de la publicidad estatal para ahogar
financieramente a las empresas informativas no alineadas. Uso de organismos
fiscalizadores, inspecciones tributarias sesgadas por parte de la SUNAT y acoso
administrativo contra propietarios y anunciantes de medios críticos. Las
consecuencias de estas prácticas sobre la profesión periodística y la cultura
política del país fueron profundas y duraderas. La revelación del sometimiento
de los medios destruyó la credibilidad institucional del periodismo ante la
ciudadanía. Los periodistas independientes sufrieron seguimientos,
interceptaciones telefónicas, campañas de desprestigio e incluso agresiones
físicas y exilio. La prensa chicha distorsionó y prostituyó los estándares del
periodismo popular, sustituyendo la fiscalización del poder por el
sensacionalismo violento y la calumnia artera como entretenimiento masivo.
El pantano de corrupción en los 90s.
El informe Towsend, elaborado por la
Comisión Investigadora sobre el Origen, Movimiento y Destino de los Fondos de
Vladimiro Montesinos y su relación con Alberto Fujimori, presidida por la
congresista Ana Elena (Anel) Townsend Diez-Canseco entre 2001 y 2002,
constituyó uno de los documentos clave del Congreso de la República para
documentar la captura del Estado y la manipulación de la opinión pública en la
década de 1990. Aunque el dictamen abarcó diversas líneas de investigación
(enriquecimiento ilícito, narcotráfico, desviación de fondos de las Fuerzas
Armadas y compras estatales), el capítulo dedicado a los medios de comunicación
y el periodismo detalló cómo el régimen sometió a la prensa para asegurar su
continuidad en el poder. Puntos clave del Informe respecto a los medios de
comunicación: Desviación masiva de fondos públicos. El informe demostró
institucionalmente que el dinero utilizado por el Servicio de Inteligencia
Nacional (SIN) para comprar líneas editoriales no provenía de recursos
personales de Vladimiro Montesinos, sino del desvío sistemático de fondos
reservados de las Fuerzas Armadas (Ministerio de Defensa) y del Ministerio del
Interior. Cooptación de los canales de televisión de señal abierta. El
documento y las pruebas recopiladas por la comisión (apoyadas en los testimonios
y los Vladivideos) detallaron los montos y la mecánica del pago periódico en
efectivo a directivos y propietarios de televisión en las instalaciones del
SIN. América Televisión (Canal 4) y Panamericana Televisión (Canal 5). Se
documentaron los pagos millonarios recibidos por sus directivos a cambio de
controlar las escaletas de los noticieros, censurar a periodistas opositores y
favorecer la campaña de reelección presidencial de 2000. Se investigó el
despojo arbitrario de la administración a Baruch Ivcher y la entrega del canal
a los hermanos Winter, alineándolos completamente a los intereses del régimen
tras las denuncias del programa Contrapunto sobre torturas y espionaje del SIN.
Se probó la compra directa del canal de cable para crear un medio de noticias
aparentemente "neutral" pero manejado desde las sombras por la red de
Montesinos. El informe fundamentó la relación operativa entre el SIN y los
dueños de pasquines y diarios de distribución masiva (El Mañanero, La Chuchi,
El Chino, El Tío, entre otros). Se determinó que los titulares, caricaturas y
portadas eran redactados directamente en la sede del SIN o enviados por agentes
de inteligencia para desacreditar sistemáticamente la vida personal,
profesional y política de candidatos de oposición, periodistas críticos e
intelectuales. El informe reveló dos mecanismos de coerción económica. Asfixia
y premio con publicidad estatal. Redireccionamiento arbitrario de la pauta
publicitaria de las empresas e instituciones públicas hacia los medios sumisos.
El uso de la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria (SUNAT)
para presionar, embargar o ahogar financieramente a las empresas de
comunicación independientes.
Las Planillas de la Degradación.
El Informe de la Comisión
Investigadora Multipartidaria, presidida por la excongresista Anel Townsend
entre 2001 y 2002 (comúnmente conocido como el Informe Townsend), documentó los
mecanismos de corrupción, enriquecimiento ilícito y cooptación de instituciones
estatales montados durante el régimen de Alberto Fujimori y su asesor Vladimiro
Montesinos. Entre sus hallazgos más relevantes figura la red de captura de los
medios de comunicación y periodistas, sustentada en las planillas informales,
cuadernos de contabilidad y presupuestos desviados del Servicio de Inteligencia
Nacional (SIN) y de las Fuerzas Armadas.
(www.expreso.ec). Durante la década de 1990, Vladimiro Montesinos
consolidó el control político del país mediante la compra de líneas editoriales
y la manipulación mediática. El dinero utilizado para estos pagos no provenía
de recursos privados, sino del desvío sistemático de fondos reservados del
Estado (frecuentemente asignados a los presupuestos de Defensa e Interior)
hacia la "Salita del SIN". Las planillas de la corrupción eran
listas, cuadernos de contabilidad paralela y recibos firmados que registraban
los desembolsos periódicos a directivos, dueños de prensa, periodistas,
presentadores de televisión y editores de diarios. La custodia y gestión de
estos registros estaban a cargo de la secretaria de Montesinos, Matilde Pinchi
Pinchi, cuyas declaraciones y entrega de archivos ante el Congreso e instancias
judiciales sirvieron de prueba fundamental.
(Blog PUCP). El Informe Townsend detalló cómo se estructuró la
cooptación de la prensa a través de tres niveles principales: Televisión de
señal abierta: Fue el rubro de mayor gasto dentro de las planillas del SIN. Se
pagaron millones de dólares mensuales a propietarios y altos directivos de
cadenas televisivas (como Canal 4, Canal 5 y Canal 2) a cambio del control
total de los noticieros, la censura de la oposición y la propaganda del
régimen. Se compraron líneas
editoriales completas, acuerdos de exclusividad y la firma de contratos de
sometimiento editorial en reuniones grabadas en los "Vladivideos". El
informe detalló la creación y financiamiento de diarios sensacionalistas (El
Chino, La Chuchi, El Mañanero, El Men, etc.) dirigidos por editores y
periodistas alineados al régimen. Los titulares eran diseñados directamente
desde el SIN por Montesinos y sus asesores para difamar a los candidatos de
oposición, periodistas independientes y políticos críticos. Los dueños y
directores de estos pasquines recibían pagos diarios y semanales en efectivo,
calculados según el volumen de tiraje y el impacto de las portadas. El informe
incluyó nombres, montos y modalidades de soborno a periodistas de prensa
escrita, radio y televisión. Los pagos variaban entre mensualidades fijas por
emitir opiniones favorables, "bolsas" para campañas de desprestigio
específicas y viáticos o regalos no sustentados. Institucionalización de la
corrupción mediática.
El Informe Townsend demostró que la
corrupción mediática no fue un hecho aislado, sino una política de Estado
orientada a anular la fiscalización democrática y perpetuar el gobierno
autoritario. Los hallazgos del informe
sirvieron como insumo probatorio para las acusaciones formuladas por la
Fiscalía anticorrupción. Esto derivó en el juzgamiento y condena de directivos de
televisión, dueños de periódicos chicha y periodistas involucrados por los
delitos de peculado, cohecho y asociación ilícita para delinquir. Los
descubrimientos de la Comisión sirvieron para tramitar acusaciones
constitucionales e inhabilitaciones políticas contra Alberto Fujimori,
exministros de Estado y altos mandos militares que firmaron los desvíos de
presupuesto. La documentación y las evidencias presentadas en el informe fueron
remitidas al Ministerio Público y a los juzgados anticorrupción, sirviendo de
base para los juicios que terminaron con condenas de prisión para propietarios
de medios (como los hermanos Winter, José Francisco Crousillat y los editores
de la prensa chicha). El informe Townsand dejó un precedente histórico y
jurídico detallado sobre los riesgos de la concentración de medios, la falta de
transparencia en la pauta estatal y la vulnerabilidad ética de la prensa cuando
se somete al poder político y económico.
La exposición de las planillas de Montesinos constituyó uno de los
mayores escándalos en la historia del periodismo peruano, dejando en evidencia
el impacto devastador de la manipulación de la información sobre la democracia.
El informe detalla que periodistas de regiones y provincias también recibían
entre 500 y mil dólares mensuales según el grado de sumisión y obediencia.
Anque esta parte del informe no se publicitó con el argumento que iba a causar
un enorme daño a la ‘reputación’ de quienes se sometieron a la dictadura sin
asco ni vergüenza. Es fundamental
distinguir entre la lenidad (que es condescendencia e incumplimiento del deber)
y el rigor garantista (que es el respeto por la presunción de inocencia, el
debido proceso y la verificación de pruebas). El periodista riguroso respeta el
debido proceso, pero no deja de investigar ni de exigir respuestas. El
periodista leniente busca excusas para no investigar o para rebajar la gravedad
de los hechos comprobados.
Día del periodista 2026.
No es suficiente desear un feliz día,
sin mirar y compenetrarse en lo bueno, lo malo y lo feo de una profesión en
caída libre: Lo Bueno. El reconocimiento a una labor esencial: Es un día para
visibilizar el rol indispensable que cumplen los periodistas al vigilar al
poder, denunciar injusticias y garantizar el derecho fundamental de la ciudadanía
a estar informada. Homenaje a la vocación y el rigor. Se destaca a quienes
trabajan con ética, investigación seria y compromiso, muchas veces arriesgando
su bienestar personal para sacar a la luz verdades incómodas. Espacio para la
solidaridad gremial. Sirve como punto de encuentro para que el gremio
fortalezca redes de apoyo, impulse la profesionalización y promueva la defensa
de la libertad de prensa. Lo Malo. Precarización laboral y económica. Gran
parte de los periodistas enfrenta salarios bajos, inestabilidad contractual,
falta de seguro social y jornadas agotadoras, agravadas por la crisis de modelo
de negocio en los medios tradicionales. Amenazas, violencia e impunidad. El
ejercicio del periodismo sigue siendo una profesión de alto riesgo. Quienes
investigan temas de corrupción, crimen organizado o abusos de poder sufren
amedrentamiento, judicialización sistemática y, en los casos más graves,
agresiones físicas o atentados que suelen quedar impunes. Desinformación y
polarización. El ecosistema digital y el uso descontrolado de herramientas de
IA han acelerado la difusión de noticias falsas, debilitando la confianza del
público en la información verificada. Lo Feo. Mercantilismo y pérdida de
independencia. La dependencia de la pauta publicitaria (estatal o privada) y
los intereses corporativos a menudo sofocan la línea editorial, condicionando
qué se investiga y qué se silencia. Sensacionalismo y "clickbait". La
presión por generar clics y métricas inmediatas prioriza el espectáculo y la
inmediatez sobre la profundidad, el contraste de fuentes y la calidad del
análisis. Ataques de la clase política para desacreditar el oficio. El uso
recurrente de discursos hostiles desde el poder para estigmatizar a la prensa
como "enemiga" no solo deteriora el debate público, sino que legitima
la agresión verbal y física contra los reporteros.
Liderazgo Humanista. El Perú de hoy y
del futuro demanda un liderazgo humanista en los hombres y mujeres que hacen
prensa, que sean capaces de responder a la fragmentación social, la fragilidad
institucional y las brechas territoriales que han caracterizado su historia
reciente. Este perfil no responde a la figura del "salvador
caudillista", sino a una conducción ética, técnica y empática centrada en
la dignidad de la persona y el bien común. El surgimiento de un liderazgo de
esta naturaleza no depende únicamente de las personas que ocupen cargos de
representación, sino del compromiso de la ciudadanía por exigir estándares
éticos elevados, respaldar propuestas serias y participar activamente en la
vida pública del país.
Ética Universal. “En un entorno
marcado por la acelerada transformación tecnológica, la inteligencia
artificial, la hipertransparencia y un mayor escrutinio por parte de
inversionistas, reguladores, clientes y ciudadanos, la ética dejó de ser un
asunto exclusivamente normativo (como parte de los decálogos) para convertirse
en un factor determinante de competitividad. Hoy, las organizaciones no solo
son evaluadas por los resultados que obtienen, sino por la forma en que los
alcanzan.” (II Foro de Ética Empresarial. Colombia, 25/09/2026).
Fuente: La República, Revista Caretas,
El Comercio, El País, Revista Oiga, Informe Townsend, Otros Informes del
Congreso sobre el gobierno de Fujimori, Informe CVR, New York Times, BBC Mundo,
Expreso de Ecuador, Comité de Protección de Periodistas (Committee to Protect
Journalists). Blog PUCP, Wikipedia. Recopilación y análisis archivos. Se usó IA
con fuente debidamente analizada y contrastada, sin embargo, si hubiera alguna
omisión se solicita expresarlo.
* Periodista
investigador – Ing. Agrónomo.
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