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domingo, 4 de diciembre de 2011

Gigantesca búsqueda de sacerdote de la “Congregación de la Misión”, desaparecido en Chazuta.

Felipe A. Páucar Mariluz.

El sacerdote Alfonso Asencios Zuloaga, de la Congregación de la Misión, (conocidos como padres Vicentinos), natural de Huari, Región Ancash, de 65 años de edad está desaparecido desde el día 23 de noviembre, fecha en que Salió de su domicilio en el distrito de la Banda de Shilcayo, Provincia de San Martín, departamento de San Martín.

Según la comunidad religiosa que se encuentra apenada, el cura salió de su casa en la Banda de Shilcayo (Tarapoto), para hacer su visita pastoral por el sector del Bajo Huallaga, distrito de Chazuta, el día 18 de noviembre.

Los padres vicentinos tienen a su cargo la Parroquia “Virgen María de los Remedios” de la Banda de Shilcayo. Esta Parroquia es amplia y comprende 6 distritos: Banda de Shilcayo, Cabo Leveau, Sauce, Juan Guerra, Shapaja y Chazuta.

El Padre Alfonso llegó a Chazuta el viernes 18 y bajó por el río Huallaga, en bote, hasta la comunidad de Achinamiza, para celebrar Misa el viernes en dos poblados, Shilcayo y Achinamiza.

El sábado hizo lo mismo en Ricardo Palma, Callanayaco y Curiyacu, regresando a Chazuta el sábado por la noche. El domingo en la Iglesia de Chazuta también celebró la santa Misa y bautizó a 34 personas, entre adultos y niños.

El día domingo pensaba regresar a Tarapoto para estar el lunes en su trabajo; pero por las fuertes lluvias, un tramo de la carretera en construcción se derrumbó, impidiendo el pase. De esa manera el padre Alfonso ya no pudo regresar a la Banda de Shilcayo y se quedó en Chazuta el domingo, lunes y martes.

Viendo que el trabajo de la limpieza de los derrumbes en la carretera era lento, decidió regresar por camino de herradura a su casa. El camino que dijo tomaría es el que va de Chazuta hasta la Banda de Shilcayo, pasando por el poblado de Santa Elena. Él conocía perfectamente ese camino que pasaba también por Bello Horizonte. Todos los meses, saliendo desde la Banda de Shilcayo, el padre iba en movilidad a Bello Horizonte y de ahí, caminaba unas cinco o seis horas a Santa Elena. Y de ahí, solía regresar por el mismo camino.

Desde esa comunidad hasta Chazuta sólo lo había hecho una vez, y era de noche, y aunque se perdió en algún sector, llegó bien a Chazuta, pues su sentido de orientación era bueno. El padre Alfonso, salió a las 4 de la mañana del día miércoles 23 de noviembre desde Chazuta, rumbo a Santa Elena. Fue visto en la plaza principal de Chazuta a esa hora. Se calculaba que entre las 10 y 11 de la mañana pudiera haber estado ya en Santa Elena. Y de ahí descansando, podría haber salido hacia Bello Horizonte de 3 a 4 de la tarde para desplazarse desde ahí, en moto o carro hasta su casa, en la Banda de Shilcayo.

El Padre no llegó a su hogar el miércoles 23. De esta manera sus hermanos los padres Vicentinos, Adolfo Salazar Julca y Eduardo Mendoza García, se preocuparon e iniciaron la búsqueda. De la misma manera desde Chazuta, las Misioneras de Jesús, buscaron a hermanos animadores y amigos y se organizó la búsqueda.

El jueves, a 24 horas de haber salido el padre de Chazuta, 9 personas salieron a buscarlo desde las 5:30 a.m. También desde Santa Elena, salieron varias personas en su búsqueda y no lo encontraron.

En Chazuta se asentó la denuncia, el jueves 23 de noviembre, por la mañana. La policía ese día y el viernes, ayudaron a buscar. Se reincorporaron el día martes 29, con tres efectivos.

Animadores Cristianos, catequistas y pobladores de las comunidades, han venido a la búsqueda. Ese día, caminaron hacia Santa Elena, pero les aseguraron que no llegó a esa comunidad y regresaron para ir por otra ruta; el viernes salieron 39 personas; el sábado 65, domingo 70 y siguieron sumándose mas policías y militares así como pobladores, mientras que en la plaza de armas de Tarapoto un grupo de personas solicitaba ayuda económica para sostener la búsqueda, ya van 9 días de su desaparición.

El tramo Chazuta a Santa Elena es un camino libre y ancho y caminando no pudo perderse. Nadie asegura haberlo visto; en cierta parte del camino hay algunas viviendas, hay chacras, pero al preguntar no hay señales de su paso.

Los cristianos de los pueblos que los padres visitaban, cada día mandan gente para explorar la zona, va gente de Chazuta, Ramón Castilla, LLucanayacu, Tununtunuma, Aguano Muyuna, Banda de Chazuta, y también desde otros puntos, desde Santa Elena, desde Shapaja y Santa Rosa de Shapaja´.

Los fieles católicos de la Parroquia “Virgen de los Remedios” de la Banda de Shilcayo se solidarizaron desde el inicio, aportando víveres para los grupos de rescate. Algunos incluso, han llegado a Chazuta y se han unido al grupo.

domingo, 9 de mayo de 2010

Iglesia Católica y pedofilia. “Hay un doble discurso muy grande”

LA IGLESIA ARGENTINA Y EL ESCANDALO POR LA PEDOFILIA, SEGUN EL SOCIOLOGO FORTUNATO MALLIMACI

Docente en la UBA, investigador del Conicet, especialista en la sociología de las religiones, Fortunato Mallimaci explica el papel de la jerarquía católica local en medio de la crisis mundial de la Iglesia por los abusos sexuales cometidos por curas y obispos.

“La Iglesia Católica tiene un problema gravísimo con la sexualidad”, dice Fortunato Mallimaci. Imagen: Jorge Larrosa

Por Mariana Carbajal

“En la Argentina hay un doble discurso en la jerarquía católica muy grande: por un lado dice, ‘estamos con el Papa’, pero por el otro, cuando Benedicto XVI sostiene que hay que hacer limpieza, que hay que denunciar los casos de abuso sexual y echar a quienes los cometen, aquí los guardan”, denuncia en una entrevista de Página/12 Fortunato Mallimaci, profesor de la UBA e investigador principal del Conicet, especializado en sociología histórica de las religiones.

En medio del escándalo de pedofilia que sacude al Vaticano por la aparición de denuncias en distintos países, Mallimaci está convencido de que en la Argentina hay muchas víctimas de abusos sexuales perpetrados por religiosos de la Iglesia Católica que mantienen silenciado su sufrimiento y no se animan a denunciarlo al ver la impunidad de que gozan personajes emblemáticos, condenados por la Justicia por esos delitos aberrantes, como el cura Julio César Grassi y el arzobispo Edgardo Storni, que siguen en libertad, cobrando incluso sueldos o jubilaciones pagados por el Estado. La complicidad para tapar los casos de abuso sexual dentro de las instituciones católicas trasciende la jerarquía eclesial y alcanza al poder político, económico y sobre todo mediático, afirma Mallimaci. “En América latina hay una cultura del secreto, el deberse favores entre estos poderes, esconderse unos a los otros, lo hemos visto en la Argentina con el hecho de que grupos de empresarios han pagado a abogados millones y millones de pesos para proteger a un sacerdote o a un obispo abusador. ¿Qué genera esta trama? Hace que la denuncia sea más difícil”, advierte Mallimaci.

–¿Cómo analiza la sucesión de casos de pedofilia que están saliendo a la luz en distintos países perpetrados por religiosos de la Iglesia Católica?

–Estos hechos demuestran una nueva crisis en la Iglesia Católica. Sobre todo, salen a la luz porque hubo denuncias de las víctimas y a la vez un grupo de autoridades eclesiásticas, de obispos, en algunos países como Estados Unidos, Irlanda, Alemania, que han decidido no guardar más el secreto, no seguir tapando el tema. Esta combinación se ha dado en países donde el respeto a los derechos humanos y a los derechos individuales es alto.

–¿Es la peor crisis de la Iglesia Católica de las últimas décadas?

–Depende. Se están publicando artículos de numerosos sacerdotes, teólogos y teólogas, y de grupos católicos como el argentino “Nueva Tierra”, que manifiestan que se trata de una oportunidad para discutir la manera ultraconservadora con la que la Iglesia viene manejando temas fundamentales como el celibato, la mujer, la sexualidad, el abuso, el poder, el hecho de que la autoridad siempre piense que tiene razón y haya que esconderlo, un tipo de concepción de la Iglesia que sostiene que hay que salvar la institución más allá de las personas. Todo esto ha hecho agua, y muchos creyentes, como pasa en las instituciones, aprovechan para plantear otras posiciones.

–¿Le llama la atención que en la Argentina no hayan aparecido más casos de pedofilia cometidos por religiosos? ¿Cree que están silenciados o que no han ocurrido por alguna razón en la magnitud que se está viendo en otros países?

–No me sorprende. En realidad, me llama la atención que los medios que sacan muchos artículos sobre lo que dicen los obispos de otros países y lo que el Papa dice o no dijo no digan absolutamente nada de dos casos emblemáticos que hay en la sociedad argentina: el del sacerdote (Julio César) Grassi, condenado por la Justicia por abuso sexual a partir de la denuncia de las víctimas y que, sin embargo, no sólo sigue libre sino que la institución eclesial no ha dicho absolutamente nada al respecto. Y el caso del arzobispo (Edgardo) Storni. Página/12 y otros medios lo vienen denunciando. Es un arzobispo también condenado por la Justicia (a ocho años de prisión) por abuso sexual que está tranquilamente viviendo en Córdoba, con una jubilación de privilegio que le pagamos todos los argentinos y argentinas. En la Argentina hay una hipocresía, un doble discurso en la jerarquía católica muy grande: por un lado, dice “estamos con el Papa”, pero por el otro, cuando esa misma institución sostiene que hay que hacer limpieza, que hay que denunciar los casos de abuso sexual y echar a quienes los cometen”, aquí los guardan.

–El caso Grassi tuvo mucha repercusión...

–Lo que hay que empezar a ver en América latina es que hay una complicidad mucho mayor: las redes de sociabilidad de los sectores del poder religioso, del poder político, del poder económico y sobre todo del poder mediático, que es la manera en la cual se ejerce el poder en la región. Esto hay que decirlo y repetirlo. En América latina hay una cultura del secreto, el deberse favores entre estos poderes, esconderse unos a los otros, lo hemos visto con el hecho de que grupos de empresarios han pagado a abogados millones y millones de pesos para proteger a un sacerdote o a un obispo abusador. ¿Qué genera esta trama? Hace que la denuncia sea más difícil. El piso de derechos en América latina y en Argentina es mucho menor que en otros países: usted lo trabajó muy bien con los casos de aborto no punible y las dificultades que hay para que se cumpla con respecto a mujeres de sectores populares. Imagínese qué pasa cuando una persona quiere salir a decir “me abusaron”, “tal cura o tal obispo me hizo tal cosa”, y ve que el resultado es que ninguno de ellos hasta el día de hoy ha ido preso. ¿Es un problema de la Iglesia Católica? Por supuesto, pero es un problema de las redes de sociabilidad del poder en América latina, incluida la Argentina. Hay que mostrarlo si es que queremos que haya derechos para las víctimas, los más perjudicados por los abusos sexuales. Ojalá la Facultad de Derecho de la UBA ponga un 0-800, como sí han hecho la Iglesia norteamericana, la holandesa y la alemana, para que el que denuncie tenga un mínimo de garantías de que sus derechos van a ser reconocidos y de que el abusador va a ir preso. Y que la institución haga limpieza. Estoy segurísimo de que hay muchísima gente que estaría dispuesta a denunciar, pero no lo hace porque el costo de esa denuncia, sabemos, muchas veces cae sobre la propia víctima.

–El Papa pidió disculpas y condenó los abusos. ¿Es suficiente?

–En el caso del Papa hay un problema gravísimo: el fue el comisario político desde 1985 hasta el 2005 con Juan Pablo II. Así como Juan Pablo II encubría a dirigentes de la Orden de los Legionarios de Cristo y a tantos otros más, su mano derecha Ratzinger, el cardenal Joseph Ratzinger, seguía una vieja manera de entender este tema, que es trasladar a la persona acusada, no hacerlo público, no denunciarla, con esta idea, que otras instituciones autoritarias también la tienen, de que si denuncian, la autoridad pierde credibilidad. Este es el tema central. En la Iglesia Católica hay un fuerte problema y es que la autoridad también se ejerce sobre la represión a la sexualidad.

Cuando el arzobispo de Washington le dice al papa Benedicto XVI: “Mire, pero cuando yo hace diez años le escribí usted me dijo que había que mantener todo esto en secreto, no había que publicarlo, y ahora me dice que yo tengo la culpa”. Es lo mismo que le pasó al sacerdote católico (Ariel Alvarez Valdés) por negar la existencia de Adán y Eva con el obispo de Santiago del Estero (Francisco Polit), cuando le dice: “Decí vos que te equivocaste, no que yo te lo pido”. Esa autoridad ha entrado en una crisis fenomenal en la Iglesia Católica que no sabemos cómo va a terminar ni cuáles van a ser los caminos a los que la va a llevar.

–¿Podría haber alguna relación entre la formación que reciben los religiosos, el abordaje de la sexualidad que hace la Iglesia Católica y los abusos sexuales cometidos por sacerdotes, obispos y otros religiosos?

–El de la sexualidad es un tema carísimo en la Iglesia Católica puesto que se oculta, no se habla, se prohíbe, se castiga, se echan culpas. La Iglesia Católica tiene un problema gravísimo con la sexualidad. Si no se abren espacios de libertad para hablar y discutir al respecto, se permite que algunos sectores, escudándose en eso, puedan cometer los delitos aberrantes que vienen cometiendo.

Tomado de:
http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-145324.html

sábado, 13 de febrero de 2010

“El peligro satánico”. La verdad salió a la luz

Por Osvaldo Bayer
Desde Bonn, Alemania


De pronto todo salió a la luz. Lo que nunca se dijo apareció en todos los medios de información. Los problemas graves que tiene la Iglesia Católica alemana con el comportamiento sexual de sus sacerdotes y frailes. Ha sido el tema de tapa de los principales medios de comunicación, día tras día. El Die Zeit y el Spiegel –los dos semanarios de información más leídos en Alemania– le dedicaron al tema el estudio central de esta semana. El primero titula en la tapa: “El peligro satánico”, y el subtítulo es: “¿Por qué los hombres de la Iglesia se convierten en culpables?”. Y en la bajada se señala: “Desde que fueron denunciados los casos de abuso sexual cometidos por sacerdotes católicos en el Colegio Canisius de Berlín, toda Alemania está preocupada: ¿Cómo se reconoce a los culpables? ¿Cómo se protege a los niños?”. Por su parte. Der Spiegel muestra en tapa a un sacerdote que lleva las manos en sus partes pudendas por encima de la sotana. El título de esa tapa es: “Los santos transparentes”, y como subtítulo: “La Iglesia Católica y el sexo”. Y el estudio del estado actual de la ética católica en colegios e instituciones lleva la frase: “Vergüenza y miedo. La Iglesia Católica ha sido estremecida por una serie de casos de abuso sexual. Y esto no solamente en las escuelas de jesuitas. Casi cien eclesiásticos en la denuncia de violaciones sexuales, en los últimos años. Luego de décadas de silencio, se ha quebrado ahora el muro del silencio”.

Todo se inció con la denuncia de lo ocurrido en el colegio Canisius de Berlín. Ese día, el 2 de febrero último, el diario Frankfurter Rundschau tituló: “Vergüenza enmudecida”, “Casos de abuso sexual en el Colegio Canisius de Berlín sacude a la Iglesia Católica. Más víctimas se presentan en otras escuelas”. Y ahí comenzó la discusión que va dejando en claro cómo las autoridades católicas han tratado de guardar silencio y esconder los graves hechos anteriores. Y eso que la misma Iglesia había sido sacudida por las denuncias de los abusos cometidos por sacerdotes y frailes en Irlanda, en Canadá, en Australia y en Estados Unidos.

En Irlanda se conoció en 2009 el Informe Ryan, que descubre y denuncia el abuso sexual masivo, sufrido desde 1930 por niños irlandeses internados en escuelas católicas. Miles de víctimas recibieron una indemnización de por lo menos 1,3 mil millón de euros. La Iglesia Católica irlandesa se mostró dispuesta a pagar una cuarta parte de esa suma y el resto fue puesto por el gobierno irlandés. Medio año después, dos obispos de Dublín renuncian a sus cargos. Lo mismo hacen varios diáconos y sacerdotes luego de que una investigación demostrara que hubo más de 300 casos de abuso sexual contra niños.

Con respecto a Canadá, en 2008 la Iglesia Católica reconoce que el sacerdote Charles Sylvestre violó a 47 adolescentes, según su propia confesión pública. El papa Ratzinger se disculpa ante los pueblos originarios, ya que las niñas pertenecían a una escuela de esa religión para “reeducación” de los descendientes de antiguos habitantes. El gobierno canadiense paga 2000 millones de dólares a las víctimas y la Iglesia Católica participa con 79 millones.

En Australia, en 2008 se publica la investigación Mullighan, donde se denuncia el abuso sexual de centenares de menores de edad por parte de sacerdotes católicos. Fueron condenados 107 curas. Se cree que las cifras de las víctimas ascienden a miles. La Iglesia Católica se disculpó por los hechos. Ya en 2004, en Estados Unidos, fueron acusados 4400 sacerdotes por abuso sexual, número que en 2005 ascendió a 5000. La Iglesia Católica pagó, a raíz de esto, dos mil millones de dólares a las víctimas. El obispado de Los Angeles lo hizo por 600 millones de dólares. Todos estos hechos vergonzosos provocaron la renuncia del obispo de Boston, cardenal Bernard Law, acusado de proteger a los curas causantes de las violaciones. Sebastian Gehrmann, un sociólogo que estudia el problema, señala que esto ha provocado la bancarrota de varias diócesis de Estados Unidos, especialmente de la de Boston. Y que en 23 países existen denuncias de agresiones de clérigos hacia monjas, de niños sordomudos en Italia, menores de edad en Austria y niños en Polonia. Y agrega que la lista desgraciadamente es mucho más larga.

Luego de la denuncia ocurrida por los sucesos en el colegio Canisius, se originó en Alemania una ola de denuncias de ex alumnos de escuelas religiosas. Por las mismas, se hallan acusados de abuso de niños y adolescentes por lo menos 94 sacerdotes y laicos católicos. Tanto es así que se tiene en Alemania el temor de que se produzca un verdadero terremoto de denuncias, como ocurrió en Estados Unidos e Irlanda. El Spiegel se pregunta: “En esos dos países salieron a la luz diez mil casos de abusos sexuales. ¿Alemania alcanzará también esas cifras?”. En el Die Zeit, los autores del estudio señalan: “En enero de 2002 fue acusado el cura John Geoghan en Boston de haber abusado sexualmente de 130 niños durante sus treinta años de sacerdote. Pero no fueron los hechos que llevaron a la condena de ese cura a diez años de prisión los que levantaron la furia de la población contra la Iglesia Católica, sino que la jerarquía eclesiástica supiese muy bien de las fechorías del cura Geoghan pero, en vez de separar al cura de la comunidad, pagase a las familias cuyos niños habían sido abusados por él sumas importantes de dinero para que guardaran silencio, y trasladaran al autor de esos hechos criminales a otras comunidades católicas sin advertirles a éstas quién era el sacerdote que llegaba”. Una especie de método para “no levantar la perdiz”. Fue así que durante esos años, 4392 sacerdotes norteamericanos cometieron delitos por abuso de menores. Pero la Iglesia Católica norteamericana siguió con su táctica de pagar dinero a las víctimas y trasladar a los curas en vez de buscar soluciones por medio del estudio profundo del origen de esos delitos.

En las investigaciones que mencionamos se llega a la conlusión de que no hay acción más pérfida que la violación o el abuso sexual de menores. Y que todo esto no se soluciona con la condena de los autores de tales violaciones ni con el pago de indemnizaciones a las víctimas. Se anuncia que a partir del 22 de este mes la Conferencia de Obispos Católicos Alemanes se dedicará al tema de violaciones y abusos. Evidentemente se tendrá que ir al fondo de la cuestión. Y en eso está en claro que, quiérase o no, deberá comenzar el debate acerca del voto de castidad de los sacerdotes. Alemania misma tiene el ejemplo: los pastores de la Iglesia Evangélica luterana pueden casarse y tener hijos. Los sacerdotes católicos, no, deben ser “castos” desde que nacen hasta que mueren. Veamos pues entonces las estadísticas, comparemos. Los cristianos de la línea luterana no tienen ni por asomo los delitos que ensombrecen a la Iglesia Católica.

En primer lugar, las jerarquías católicas deberían recurrir a la experiencia del ser humano y a la ciencia. Hacer cursos con psicólogos, con médicos, sí, hasta con poetas, acerca de palabras como amor, cuerpo humano, hijos. Y de allí, al estudio de todos los complejos y hasta enfermedades mentales que se originan con las prohibiciones, llamados “pecados” por el catolicismo. Preguntarse desde cuándo y quién impuso lo de la llamada “castidad” y aquello de que sólo el hombre, como sacerdote, puede ser representante de Dios en la Tierra. No es así. La mujer es parte de la vida, fundamental, y no sólo está para rezar del lado de enfrente del altar sino para actuar y acompañar.


La Iglesia Católica –ya desde antes de la elección del alemán Ratzinger, como Papa– está en declinación. Se nota en el reducidísimo número de aspirantes a sacerdotes que se presentan por año y en el número de iglesias que van cerrando en sus ciudades, por falta de fieles y de sacerdotes. Pasan a ser museos, salones de exposiciones, restaurantes y hasta salones de baile.

Creemos que les ha llegado el momento, a quienes manejan esa inmensa corporación mundial religiosa, de pensar otras metas. No prometer paraísos en otras vidas sino llevar la verdadera religión de la bondad y la justicia aquí, en la Tierra. Seguir el camino de esos obispos Angelelli y De Nevares, a quienes conocí a fondo, y eran pura sinceridad y llevaban la palabra solidaridad en los labios y la cumplían todos los días a toda hora, igual que aquellos padres palotinos, aquel padre Mugica, y ese padre Antonio Puigjané, a quien visité tantas veces en la cárcel injusta, pero que siempre salía para extender la mano y marcar el surco.

Se hace necesaria una organización verdaderamente cristiana que ayude con la varita mágica de los comedores infantiles, con la creación de fuentes de trabajo, de procurar un techo digno para todas las familias. Juntar lo bueno del cristianismo con lo bueno del socialismo. No hay mejor paraíso que el que se puede crear en la propia Tierra y no dejarse llevar por fantasías que han ayudado a mantenerse en el poder a un sistema injusto, apoyado por las armas, las guerras y la explotación del hombre por el hombre. Y no continuar con todos esos pavos reales disfrazados que fueron a saludar a dictadores y dieron misas a los desaparecedores.

Esperemos que en los próximos concilios comience a debatirse en serio el verdadero rol de la Iglesia en la sociedad. Jesús actuó aquí, en la Tierra, e hizo saber sus enseñanzas a sus discípulos. Y por eso perdió la vida como tantos que siguieron sus verdaderas huellas por la verdadera paz eterna. Aquella que busca hacer desaparecer las violencias de una sociedad, siempre originadas en las injusticias sociales.

Tomado de:
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-140189.html


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