sábado, 13 de febrero de 2010

Invirtió miles de millones en propaganda propia: García 27% y Bachelet 82%

El diario-emblema de la familia Agois ha publicado una encuesta de dimensiones nacionales.

Aunque está hecha por CPI, una empresa muy próxima al Fujimorismo dada la posición de su director Manuel Saavedra, la investigación, realizada en 36 distritos de Lima y 24 ciudades importantes del interior, revela otros aspectos distintos al asunto electoral, tan prematura y maliciosamente tratado en estas últimas semanas.

Uno de esos aspectos es el desastre de Alan García.

Sólo el 27 por ciento de los encuEstados por CPI, a despecho de la voluntad del propio diario “Correo”, aprueba la gestión de Alan García, un presidente que, en los últimos meses, ha invertido miles de millones de soles de los dineros públicos en hacerse propaganda.

García no ha tenido escrúpulo alguno en inaugurar hospitales fantasmagóricos, abusar de los discursos televisados, convertir el Canal 7 en un fundo propio, mandarse alabar en RPP y ocupar, para desgracia de sus desaparecidos ministros, todos los espacios públicos sectoriales y el centro de todas las ceremonias oficiales.

Y no ha tenido escrúpulos en ordenar la inversión publicitaria más grande de los últimos tiempos con una campaña que, en televisión y radio, en prensa diaria y en revistas, da cuenta de “los incontables éxitos”, “las promesas siempre cumplidas” y “las insuperables cifras económicas” de su gobierno.

Para sorpresa de más de un gaznápiro, sin embargo, la cosa (“la cosa tremebunda”, como decía Vallejo) es que esa inmensa maquinaria de culto personal y alabanza del señor no ha funcionado: 27 por ciento aprueba su gestión, 61 por ciento la desaprueba (61,7% para ser exactos).

Este fracaso no es sólo de Alan García Pérez. Es el fracaso de la cofradía, de LA PRIMERA división de la merme, de la segunda de los alfredos, de la tercera del lobismo con vista al mar y de la división sub-40 de menores del cuánto hay y a quién calumniamos y qué conviene que digamos.

Es el fracaso, en general, de un gobierno cuya podredumbre empieza a olerse tanto en San Bartolo como en Essalud, pasando por la fortuna acrecida de García y las recaudaciones de Cornejo, y de una prensa chuchumecona que creía que podía tapar el sol con un dedo (el del medio).

¡Cuánto dinero para llegar a una aprobación del 27 por ciento!

¡Y cuánto dinero despilfarrado en “asesinar” mediáticamente a quienes, según lo admiten CPI y “Correo” casi a regañadientes, están vivitos y coleando!

Ollanta Humala, por ejemplo, –alguien que según “Correo” tendría que estar en la fosa común de las pretensiones fallidas- tiene en esa encuesta un 10,6 de intención de voto. Nada mal para quien es blanco de una campaña permanente de demolición de esa prensa que ha secuestrado la información y cree tener al Perú como rehén.

Y Alejandro Toledo, alguien a quien Alan García profesa un odio delivery y a quien le ha llovido mierda judicial por orden palaciega desde el 2006, tiene un 9,6 por ciento de intención de voto sin haber movido un dedo para hacer campaña.

¿Humala todavía respira? –se preguntan en “Correo”.

-“Son los serranos de Abancay” –se responden a sí mismos. “No se sienten parte del proceso”, añaden de lo más sociológicos.

-¿Y PPK sólo tiene 1%? –se preguntan desesperados.

-“Son los serranos de todo el Perú” –se responden a sí mismos mientras distraen a sus lectores con el 3,2% que ostenta el candidato de los hermanos Oviedo, o sea ese chiste llamado Jaimito.

No importa lo que digan. Lo que es cierto es que García tiene 27 por ciento de aprobación, contra 82 por ciento de la señora Bachelet en Chile.

La gran diferencia entre el señor García y la señora Bachelet es que la señora Bachelet ha defendido los intereses de Chile con enorme eficacia.

Lo ha hecho aun a costa de enfrentarse a los líderes mapuches, que siempre estuvieron próximos al socialismo y que tienen razón en muchas de sus aprehensiones sobre “la expansión forestal”, y a costa de contradecir la tradición civilista de la izquierda Chilena.

Y es que los intereses de Chile imponían ese cambio de rumbo.

García, en cambio, ha sido el menos peruano de los presidentes peruanos (no incluyo en esta lista al presidente binacional Alberto Fujimori, que no fue traidor sino ferviente patriota japonés).

García ha sido también, desde la vigente perspectiva de la socialdemocracia, el menos aprista de los apristas. Como estadista, ha sido un gran vendedor. Como albacea de la herencia moral de Haya de la Torre, ha sido (desde 1985) una cuantiosa decepción y allí están sus dineros mal habidos para atestiguarlo.

Bachelet se va del gobierno con 82 por ciento de aprobación. García está en el 27 por ciento.

Bachelet no habría dicho jamás, ante la posibilidad de ejercer su invicto Chilenismo:

“¿Y si los peruanos se molestan?”

No, ella no habla así. A la hora de hablar y de actuar en nombre de Chile la señora Bachelet habla con faldas y a lo macho. Esa es la diferencia.

No es que hagamos apología de la rudeza chauvinista de Chile. Lo que queremos subrayar es la abismal diferencia entre ese discurso de Estado de nuestro vecino –discurso pétreo desde los tiempos de Portales- y las debilidades de fustán roto de algunos de nuestros políticos.

Tomado de:
http://www.diariolaprimeraperu.com/online/columnistas/garcia-y-bachelet_56668.html

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