sábado, 17 de julio de 2010

Discordias y Cocaspeak

Escribe Gustavo Gorriti

Ministro Salazar en maratónica disputa con Miguel Hidalgo condecora a uno de los 30 policías que abatieron a ‘Rubén’. Foto Internet.

EL viernes 9, IDL-Reporteros dio a conocer la recompensa de hasta 5 millones de dólares que ofrece el gobierno estadounidense por información que lleve a la captura de los dirigentes senderistas ‘José’, de la facción del VRAE, y ‘Artemio’, de la del Alto Huallaga.

La información fue confirmada por funcionarios de la embajada de Estados Unidos en Lima. El sábado 10, el premier Velásquez Quesquén aceptó también ese hecho: “Es verdad que se ha ofrecido recompensas y éste es un tema que se da en el contexto de una cooperación entre los gobiernos de Perú y Estados Unidos”, declaró por teléfono a la Associated Press.

El mismo despacho de la AP mencionaba otro hecho poco conocido: ya existe un programa de recompensas que ofrece el gobierno peruano por la captura de los líderes de ambas facciones senderistas y las de sus principales lugartenientes. El programa, dirigido por la oficina del primer ministro, ha tenido hasta ahora una eficacia limitada. Su efecto ha sido, más bien, el de azuzar discordias entre los miembros de las fuerzas de seguridad dedicados a la persecución de los senderistas.

Aquel viejo dicho de que la derrota es huérfana pero que la victoria tiene muchos padres se aplica también para los preliminares de lo que se percibe como previsible victoria en el Huallaga: un juego de sillas musicales con la sutileza del rugby y la amabilidad del estilete para salir en el centro de la foto de la gran captura.

Luego de la muerte del dirigente senderista ‘Rubén’ el 20 de mayo pasado, cerca de Aucayacu, hubo una especie de carrera aérea entre el jefe de la Policía, general PNP Miguel Hidalgo, y el ministro del Interior Octavio Salazar por ganarse el camera opportunity que brindó la muerte de Rubén.

El que sacó la delantera al día siguiente, fue Hidalgo, quien madrugó literalmente a Salazar y llegó temprano a Tingo María en un Antonov de la Policía, con un contingente de camarógrafos. Fue filmado en Aucayacu junto a los protagonistas del tiroteo de la noche anterior, mientras los furiosos llamados de Salazar desde Lima no lograban traspasar las condiciones meteorológicas que resultan tan convenientes en la selva cuando no se quiere contestar los celulares.

Ministro Salazar para la foto, en comisaría de Aucayacu, ocultó la verdad sobre el cómo y el por qué fue abatido el camarada ‘Rubén’. Foto Internet.

SALAZAR llegó a ordenar, furioso, que no movieran nada y que lo esperaran en Aucayacu; pero, entre guiños y sorderas lo terminaron esperando, con el programa terminado, en Tingo María. El ministro aterrizó poco después en esa ciudad en otra aeronave de la Policía, cuando Hidalgo, todo sonrisas, se aprestaba a regresar a Lima.

Pero si a algo se ha dedicado Salazar en todos estos años es a las movidas mediáticas, y no iba a dejar que le escamoteen la ocasión. Ordenó que todos volvieran a Aucayacu, para otra ceremonia más, en la que dispuso el ascenso de los policías que participaron en esa acción.

Esos policías tuvieron suerte de encontrarse como extras en la pugna de Hidalgo y Salazar (compañeros de promoción en la ex Guardia Republicana) por los reflectores. Otros no tuvieron igual fortuna. Es el caso, por ejemplo, del mayor PNP José Oblitas, quien enfrentó una cruenta emboscada senderista el 26 de noviembre de 2008 en Pumahuasi, en la carretera Federico Basadre.

Aunque en la primera parte de la emboscada murieron cinco policías y tres quedaron heridos, el mayor Oblitas y los once policías sobrevivientes contraatacaron a los senderistas, los hicieron huir e impidieron la pérdida de armamento, que es siempre objetivo principal de las emboscadas de Sendero. Pese a todas las recomendaciones de ascenso por acción distinguida, Oblitas sigue en el mismo grado hasta ahora. Si hubiera llamado a camarógrafos de Lima, Salazar probablemente habría llegado con los galones de comandante en las manos.

El hecho es que cada uno de los logros policiales en la lucha contra Sendero en el Huallaga derivó en largas y penosas gestiones de ascenso, preñadas de injusticias, postergaciones, criolladas y mecidas. En muchos casos, los policías terminaron invirtiendo más tiempo y esfuerzo en esas gestiones que en profundizar la investigación contra Sendero. Y dado que hubo inequidades, surgió, inevitable, la discordia entre policías.

Luego, la administración de los menguados fondos de inteligencia de la Dircote (la Digimin y Dirandro tienen sus propios fondos) y de las recompensas por la captura de dirigentes senderistas de cierta importancia, ha agudizado los conflictos intrapoliciales y con otros estamentos del Estado. Por eso, el detrimento de la coordinación y eficiencia operativa ya es manifiesto.

En esas condiciones se anunció el cañonazo de cinco millones de dólares [para el Huallaga y otros tantos para el VRAE] que daba Estados Unidos por las capturas de ‘Artemio’ y ‘José’. Las declaraciones iniciales de fuentes de la Embajada de Estados Unidos y las de personas cercanas a ella, hicieron suponer que los estadounidenses administrarían ese dinero. Al fin y al cabo, Estados Unidos financia y controla operativamente, para todo propósito práctico, la llamada “guerra” antidrogas en el Perú.

El martes 13, sin embargo, el canciller José Antonio, ‘Joselo’ García Belaunde dijo que Estados Unidos “no ha ofrecido entregar 5 millones de dólares para quien dé información que lleve a la captura de cabecillas terroristas, sino que ha puesto a disposición del Perú esa suma para que decida si la emplea con ese objetivo”.

¿Puede emplearlos en, por ejemplo, comerciales de “el Perú avanza”? Parece que no. Joselo aclaró que “será el gobierno del Perú el que determine si hay alguien que lo merezca (el monto asignado), pero es a partir de lo que el gobierno peruano decida”.

Si fuera así (tengo algunas dudas al respecto, que buscaré aclarar cuanto antes), sería lo correcto. El uso de la fuerza pública, la aplicación de la ley y las recompensas son un medio poderoso para facilitar lo uno y lo otro, corresponden al Estado peruano en su territorio y no deben delegarse a uno extranjero.

La pregunta, claro está, es cómo va a administrar el Estado esos 10 millones de dólares de recompensa. ¿Va a hacerlo a través de la misma oficina de la PCM que maneja las comparativamente menguadas recompensas nacionales? ¿Con qué nivel de supervisión y rendición de cuentas? Si una fracción de esa suma ha producido las hasta hoy sordas pero reveseras confrontaciones entre los funcionarios que buscan a ‘Artemio’, habrá que ver lo que cinco millones de dólares, ascensos posibles y, sobre todo, cámaras y más cámaras, le hacen a la gente, empezando en este último aspecto por el ministro Salazar.

Lo paradójico del asunto es que la recompensa que Estados Unidos ofrece por las capturas de ‘Artemio’ y ‘José’, los considera tácitamente como los narcotraficantes más importantes del país.

Esa es obviamente una exageración. Ni son los narcotraficantes más importantes del país, ni son tampoco centralmente narcotraficantes. Están implicados en el narcotráfico, pero su objetivo central no es ese, y tampoco, como lo saben bien muchas empresas extractivas, su única fuente de ingresos.

Cuando estuve en el Huallaga, hace pocas semanas, y llegué a los pueblos que ‘Artemio’ había ocupado recientemente, me llamó la atención el testimonio de varias de las personas que habían estado en reuniones convocadas por él. Según ellos, ‘Artemio’ se habría declarado en contra del monocultivo de la coca y habría instado a los agricultores a plantar cultivos legales que hicieran posible un desarrollo alternativo. Ello habría preocupado a varios dirigentes cocaleros.

Mientras en la compleja realidad del Huallaga, ‘Artemio’ parece tomar distancia de la coca, y en tanto sus posibles futuros captores se pelean por el adelanto de méritos de un arresto que todavía no se produce, un ofrecimiento de recompensa estadounidense define al líder senderista solo como narcotraficante. Pero no lo hace por lectura de la realidad, sino porque las leyes gringas no permiten ayuda contrainsurgente. Lo que para Orwell era el newspeak, para nosotros sigue siendo el cocaspeak.

Tomado de la revista Caretas. Edición jueves 15 de julio de 2010

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