sábado, 3 de julio de 2010

¡Exclusiva! Descubren fotografía del ex presidente de Perú, Alan García, con el mayor lavador del narcotráfico colombiano

01-06-2006

García, máximo favorito para ganar las elecciones en su país el domingo, y quien recibió asilo del Gobierno de Ernesto Samper, aparece en la casa en Bogotá de Óscar Fernando Cuevas Cepeda, quien lavaba US$50 millones semanales para el cártel de Cali y hoy cumple condena de nueve años de prisión en Colombia. En algún momento asesoró a las Farc cómo manejar sus fondos.

La sorpresa fue mayúscula para los investigadores de la Policía colombiana, cuando al efectuar un allanamiento en la casa ubicada en la carrera 10 con calle 95 de Bogotá, centro de operaciones del mayor lavador de dólares del narcotráfico en la historia de Colombia, se encontraron una foto del fugitivo con un ex presidente del Perú.

Los agentes buscaban a Óscar Fernando Cuevas Cepeda, que paga hoy nueve años de prisión por enriquecimiento ilícito y testaferrato, y quien posa al lado, en su casa de Bogotá, del expresidente Alan García Pérez, hoy máximo favorito para volver a la Presidencia de su país en las elecciones del próximo domingo.

García, quien se refugió en Colombia en junio de 1992 bajo la figura del asilo político, aparece en la fotografía sonriente al lado de Cuevas, mientras dobla en sus manos un curioso papel que acaba de recibir de su anfitrión.

Óscar Fernando Cuevas Cepeda, su padre y su hermano crearon un imperio constituido por 60 empresas, identificadas casi todas como Mobil Ami, en la isla de Man, a través de las cuales movieron 120 millones de dólares en lavado del cártel de Cali.

Los Cuevas se regodeaban que entre sus mejores amigos se encontraban el ex presidente de Perú Alan García, el presidente de Argentina, Carlos Saúl Menem, su ministro de Hacienda, Domingo Cavallo y el escritor y periodista mexicano Rafael Pérez Ayala, personaje muy vinculado a las mieles del poder del PRI de México.

Incluso Cuevas Cepeda se jactó de que varios ministros del ex presidente Menem se alojaron en su casa en Bogotá. En abril de 2001 la revista "Cambio" reveló que se "coló" a la posesión del presidente Andrés Pastrana, que aconsejaba a las Farc cómo invertir sus fondos, que pagó condena en E.U. por lavado y que atestiguó contra el general Noriega. Pero a "Cambio" le faltó decir que lavaba US$50 millones al mes para el cártel de Cali.

El 26 de noviembre de 2004 detectives del Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, recapturaron a Óscar Fernando Cuevas, cuando regresó de España a donde de huyó tras permanecer cuatro años fugitivo de la justicia y hoy se encuentra en la cárcel de La Dorada, a donde fue trasladado desde la cárcel nacional La Picota, por problemas de salud.

Deberá pagar además al Estado colombiano una multa por más de 10 millones de dólares y además es procesado por fuga de presos, cuando en abril de 2001 no regresó a su celda y su familia public ó un comunicado diciendo que había sido secuestrado por las Farc, lo que se comprobó no fue cierto. Incluso buscó asilo en España alegando que era perseguido por el ELN.

De Harvard a la isla de Man

A comienzos y mediados de la década de los 90s, cuando las autoridades colombianas estaban enfrascadas en su lucha para detener a los narcotraficantes de los carteles de Cali y Medellín, muy pocos investigadores se daban cuenta de que la evolución del negocio había hecho que éste se ramificara en varias actividades.

De un lado estaban los narcos que se dedicaban a comprar, fabricar y comercializar la droga, labor que desempeñaban con bastante recelo y autosuficiencia los carteles más conocidos como el de Cali, Medellín, y en menor escala los ubicados en Bogotá y la Costa Atlántica. Estos, a su vez, necesitaban de personas pulcras que tuvieran magníficos contactos en el medio financiero para poder lavar sin problemas el producto del narcotráfico. Desde un comienzo se consideraban la fachada del narcotráfico.

De otra parte, estaban políticos y funcionarios del Estado, los "legales" u hombres de cuello blanco, que por su posición podían influir fácilmente en la adopción de leyes que beneficiaran a los narcotraficantes, o en la supresión de medidas que resultaran molestas para el desarrollo normal del "negocio".

Muchos de los políticos y funcionarios pertenecientes a esta última clase, cayeron durante los últimos cuatro años en poder de las autoridades, en lo que se denominó el Proceso 8.000, que tantas dificultades le produjo al Gobierno del presidente Ernesto Samper. Estos servidores de los carteles de la droga no tuvieron escrúpulos en llevar dineros "calientes" a sus cuarteles políticos. En esta fase, el principal enlace era el periodista Alberto Giraldo, que según las autoridades, movió en sus cuentas corrientes más de $10.000 millones, destinados principalmente a tener como aliados a varios congresistas y funcionarios del Gobierno.

El otro eslabón

El otro eslabón de la cadena productiva del "negocio", ha sido el de los lavadores de dólares del narcotráfico. Por lo general en las investigaciones, se ha hecho un perfil de ellos como el de ser personas incultas, levantadas en la vida por el riesgo o por un golpe de suerte. Se habla que por su actividad de "blanquear" dinero, deben valerse del bajo mundo para realizar transacciones sin problemas, rodearse de mujeres bellas, vehículos costosos, joyas, viviendas de lujo, fincas de recreo, etc.

Sin embargo hay otro tipo de lavadores. Son los de cuello blanco, pulcros y sobrios en su forma de vivir, cultos, formados en las mejores universidades del mundo, con magníficos contactos en el poder y en los medios financieros, vinculados a prestigiosos clubes sociales y emparentados con políticos o empresarios de la mejor raigambre. Aman el arte, los libros, la poesía, las antigüedades, la música culta y se casan con mujeres bien, de su misma estirpe.

Saben que pertenecen a una clase social que controla el poder del país y por ello aprovechan sus buenas relaciones para realizar negocios y transacciones aparentemente claras a la luz del día, pero demasiado oscuras como la noche para estar siempre en el filo de la navaja. Se valen de sus amistades, inversionistas y miembros de la alta sociedad, para tener siempre la fachada de pulcritud con que se muestran al mundo.

Esa misma fachada es la que les ha permitido moverse como peces en el agua por el mundo de los negocios, sin demasiados escrúpulos porque el negocio así lo exige.

Abren cuentas corrientes y de ahorro utilizando a mensajeros, secretarias o señoras del aseo como testaferros, compran o arriendan oficinas para fundar empresas de papel, viajan en primera clase por todo el mundo y tratan de codearse con la crema y nata de cada país que visitan.

Pero a pesar de esta careta, cumplen un papel clave dentro del negocio del narcotráfico con un sólo fin: satisfacer la ambición y llenarse de dinero con el mínimo esfuerzo. La ética que les enseñaron en las mejores universidades del mundo, no les sirve de nada ante la ambición de contar como aliado el poder del dinero.

La ambición de los Cuevas

Este era el mundo que hasta el pasado 20 de diciembre vivía y con seguridad gozaba, Óscar Fernando Cuevas Cepeda, nacido el 19 de marzo de 1952 en Cali, hijo de una tradicional familia caleña, de la que nadie se imaginaba que iba a terminar salpicada por las entrañas del narcotráfico.

Cuevas Cepeda, educado en Harvard, es primo del ex alcalde de Cali, Mauricio Guzmán Cuevas, que también gozó de los dineros del narcotráfico y ya está en libertad tras pagar cuatro años de cárcel por enriquecimiento ilícito.

Óscar Fernando es hijo de Óscar Cuevas Gamboa -quien ha sido señalado por la DEA como el jefe del Clan y uno los principales cerebros de los lavadores de activos y quien murió en noviembre de 2004 mientras purgaba detención domiciliaria-, y hermano de Eduardo José Cuevas Cepeda, que también figura en los archivos de la DEA como lavador de dólares y hoy se encuentra huyendo.

Pero también es sobrino de Hugo Cuevas Gamboa, conocido cambista dueño de Universal de Cambios con la política Ángela Cuevas. Mantuvieron su centro de operaciones en la isla de San Andrés en donde manejaban un negocio llamado "Hugo Cuevas Gamboa Importaciones". Era propietario de una casa de cambios en el segundo piso del Centro Comercial New Boit Plaza.

En la misma isla los Cuevas iniciaron la construcción del Centro Financiero Internacional", ubicado en la Avenida Newball, trabajo que no se concluyó porque fracasó el intento durante el Gobierno Samper de otorgar a San Andrés un estatus parecido al de Panamá (paraíso fiscal).

¿Pero cómo es Óscar Fernando Cuevas Cepeda? Quien lo haya conocido antes de caer ante las autoridades colombianas, no dudaría en afirmar que se trataba de un hombre de mundo. Nacido en Cali, estudió Economía y luego hizo una especialización en la Universidad de Harvard. Amante de los carros de marca como BMW o Mercedes Benz, Cuevas Cepeda es uno de los mejores gourmets de restaurantes franceses e italianos del norte de Bogotá.

En estos negocios se le veía con frecuencia acompañado de hombres de negocios provenientes de cualquier lugar del mundo. A veces eran estadounidenses o en otras franceses o alemanes. Para desenvolverse ante ellos, Cuevas no tenía problema alguno pues habla a la perfección inglés y francés.

Aparentemente era un hombre sin mancha alguna. Sin embargo, en su pasado ya existía una nube gris, precisamente cuando fue arrestado en junio nueve de 1986 por la U.S. Customs (Aduana de Estados Unidos), en Terminal Island, California, acusado de narcotráfico, por no reportar dinero en efectivo y proveer falsa información.

Este hombre sin "tacha alguna", fue arrestado por la DEA el 10 de junio de 1986 en Los Àngeles por distribución de cocaína. Sentenciado a 15 años de prisión, sólo pago cinco años ya que fue puesto en probatoria federal en mayo 17 de 1991. Inmediatamente fue expulsado de Estados Unidos.


Familia unida

Luego de su regreso a Colombia, Cuevas Cepeda volvió a recobrar el estatus como "persona de bien". Sólo los más allegados a la familia Cuevas Gamboa sabían de su encarcelamiento en Estados Unidos. Para los amigos y otros allegados, este personaje había permanecido en el extranjero estudiando un doctorado. Lo que no les explicaron era qué clase de doctorado, aunque luego todos lo entendieron.

Estando unida otra vez la familia, el padre Óscar y sus hijos Óscar Fernando y Eduardo, se dedicaron a estudiar qué clase de negocios podían montar con la apariencia de operar legalmente, para así ocultar el verdadero objetivo: el lavado de dinero proveniente del narcotráfico.

Aprovechando sus viejas simpatías por el periodismo cuando fue dueño del periódico "El Relator" de Cali, Óscar Cuevas propuso a sus hijos crear una revista que tuviera un corte internacional, con un diseño y contenido editorial similar al de "Time". Así fue como a finales de 1992 crearon la revista "Latinoamérica Internacional", que con una circulación de 120.000 ejemplares, con rapidez fue abriendo oficinas de representación en Estados Unidos y las principales capitales de los países latinoamericanos.

Al frente de la publicación aparecía el nombre de Óscar Cuevas Gamboa, cabeza del Clan, economista de la Universidad Nacional y compañero de estudios del agudo crítico y columnista ya desaparecido, Jorge Child. Rodeándose de un grupo de periodistas expertos en el medio y formados en las mejores universidades, Cuevas Gamboa hizo despegar la revista en un momento crucial.

Para la industria gráfica en crisis durante 1992, fue todo un acontecimiento que surgiera de la nada una publicación de la calidad como Latinoamérica y además con un tiraje numeroso y de circulación mensual. Por eso se peleaban entre sí la forma de establecer algún contacto con los Cuevas para ofrecerles fotomecánica e impresión a buenos precios.

Con presidente a bordo

Por ese año, los Cuevas se regodeaban que entre sus mejores amigos se encontraban el ex presidente de Perú, Alan García, el presidente de Argentina, Carlos Saúl Menem, su ministro de Hacienda, Domingo Cavallo y el escritor y periodista mexicano Rafael Pérez Ayala, personaje muy vinculado a las mieles del poder del PRI de México. Prueba de ello es que estos tres personajes fueron columnistas estrellas de Latinoamérica Internacional.

La deferencia que siempre tuvo el presidente Menem hacia los Cuevas, hacía suponer que no se trataba de un simple gesto del mandatario argentino, sino que de verdad existía una amistad de años. Prueba de ello eran los contínuos viajes del Clan a Argentina, entre 1993 y 1995, donde eran recibidos en la Casa Rosada de Buenos Aires -lugar de residencia de los presidentes argentinos- como huéspedes de honor. Incluso en alguna ocasión, la ex esposa de Menem, Sulema, lo acusó de tener contacto con la mafia colombiana, aunque nunca se le probó nada, tal vez por que en esos momentos nada se sabía de las actividades ilícitas de los Cuevas.

Posteriormente, cuando Carlos, uno de los hijos de los Menem, pereció en un accidente de aviación en Argentina, Sulema volvió al ataque y culpó a la mafia de Buenos Aires y a los narcotraficantes colombianos, de ser los causantes de la tragedia, al derribar con ráfagas de ametralladora la aeronave que pilotaba el hijo del mandatario. Ese fue un hecho que nunca fue esclarecido por las autoridades argentinas, toda vez que ante una orden de Menem, los mismos investigadores se apresuraron a recoger los restos del aparato sin dejar evidencias que pudieran explicar si de verdad se trató de un atentado.

En una de las pocas visitas que Carlos Saúl Menem hizo como presidente de la Argentina a Colombia, a finales de 1994, los Cuevas asistieron a la recepción que el presidente Ernesto Samper ofreció a su homólogo, en el Palacio de Nariño. No contenta con ello, la familia Cuevas logró que durante esa misma visita, Menem los recibiera privadamente, un gesto algo inusual, sobre todo por que en la agenda del presidente se encontraban destacados empresarios colombianos que esperaban encontrarse el mandatario argentino.

Por esos años, Óscar Fernando Cuevas, también se mostraba orgulloso por que tenía el contacto con su primo, Mauricio Guzmán Cuevas, un político joven, caleño, surgido del galanismo y de las orientaciones políticas que manejaba el ex fiscal Alfonso Valdivieso, quien fue embajador de Colombia ante las Naciones Unidas. Más adelante, Guzmán fue destituido como alcalde de Cali por haber recibido dinero del cártel de Cali, por lo que fue condenado a cárcel.

El cerebro

Así, pues, con una revista de calidad que le abría las puertas al contacto con políticos, funcionarios del Estado y empresarios, los Cuevas contaban ante sí con la oportunidad para poder desarrollar sin problemas sus otros negocios. Además, tenían la ventaja de que Óscar Cuevas sabía moverse como ninguno en el sistema financiero. Como economista, había estudiado los mercados bursátiles de la Bolsa de Nueva York, el de las bolsas colombianas y sabía cómo aprovechar al máximo las ventajas que podían otorgar las normas legales.

Conocía cómo se manejaban las mesas de dinero de bancos, corporaciones financieras y compañías de financiamiento comercial, las tasas de interés, el precio del dólar, etc. Con justicia, la DEA lo catalogó de ser un cerebro para las finanzas. Y efectivamente, quienes lo conocen, reconocen su habilidad para los números y para los negocios. Desafortunadamente, este hombre de 77 años, prefirió dedicarse a los negocios turbios, al del lavado de dinero. Y como siempre se movió en el filo de la navaja, creyendo que nunca lo atraparían.

Por su lado, el ingeniero industrial con formación en Harvard, Eduardo José Cuevas Cepeda, 50 años, también se codeaba en Bogotá con las mejores familias. Propietario de la empresa Multiparabólica Galaxi -dedicada a explotación de las señales de televisión por antena parabólica-, fue uno de los accionistas propietarios y fundadores del Metropolitan Club, ubicado al norte de la capital colombiana.

Quienes tuvieron la oportunidad de trabajar con la familia Cuevas desde finales de 1992, lo hacían a sabiendas de que se trataba de una respetable familia tradicional de Cali, que se trataba con políticos, funcionarios y empresarios de prestigio, y que además, poseía una cultura que les hacia hablar con propiedad de cuadros, teatro, ópera, libros, países y, por supuesto, de negocios y finanzas.

The New York Times y el fiscal

Curiosamente, el Clan, valiéndose del periodista Joseph Peeples, que antes había pertenecido al The New York Times, estableció contacto con los dueños del periódico neoyorkino para estudiar la posibilidad de crear una revista en español que publicara los mejores artículos del diario y que fuera editada desde Bogotá hacia todos los países latinoamericanos. El negocio estaba tan avanzado, que incluso se hizo un número cero en Bogotá. Inesperadamente, todo lo programado se cayó.

Era tanta la influencia de los Cuevas en algunos círculos, que hasta el propio Fiscal General de la Nación, Alfonso Valdivieso, tuvo que acudir a una cita con la familia en junio de 1995 a la sede de la revista, ubicada en una casona de la carrera 10 con calle 95 de Bogotá.

Por esa época, el fiscal Valdivieso ya tenía en su despacho una detallada investigación de las actividades de los Cuevas, enviada por la DEA desde Estados Unidos.

Paradójicamente, dicha casa tuvo que ser allanada meses después por el CTI de la Fiscalía. Algo que no tiene explicación es ¿por qué el entonces fiscal Valdivieso, conociendo el informe de la DEA sobre las actividades de los Cuevas, fue a esa cita?

La pista de la DEA

Es que ya en 1994, la DEA le seguía la pista a la familia Cuevas, una organización que según los investigadores estadounidenses, estaba comandada por Hugo Cuevas Gamboa, su hermano Óscar, y los hijos de éste último, Óscar Fernando y Eduardo José.

Según la DEA, esta familia era la organización que más lavaba dinero para el cártel de Cali, alrededor de US$200 millones mensuales, por medio de una red de empresas dedicadas al cobro de cheques, casas de cambio, transferencias electrónicas y movimientos en empresas de papel, con conexiones en islas del Caribe, Centroamérica y Suramérica.

En Colombia, según las investigaciones de la Fiscalía General de la Nación, los Cuevas, utilizando a testaferros, pero fundamentalmente a uno de sus empleados, Holberg Hamman, administrador de empresas de Cali, crearon cerca de 60 compañías de papel, muchas de las cuales figuraban bajo los nombres de Mobil Ami S.A., Mobil Ami South Constructions, Mobil Ami Research Inc, Osaka Drilling, Alaska Petroleum Corporation Limited, Yukon Oil and Gas y Hudson Oil And Drilling, etc. Para la Fiscalía, las compañías con el nombre de Mobil, nada tienen que ver con la multinacional Mobil Petroelum Company ni con Mobil de Colombia, sino que ese nombre fue utilizado por el Clan para engañar a posibles socios o para realizar negocios fraudulentos.

Junta de mensajeros

Por ejemplo, los Cuevas crearon a Mobil Ami South Constructions Ltda el 10 de junio de 1992, mediante escritura pública No. 1210 registrada en la Notaría 41 de Bogotá. La Junta directiva de la misma quedó conformada por Holberg Hamman, representante de Mobil Ami S.A., Héctor Álvarez, Eduardo Sandoval, Guillermo Hanabergh, Jaime Vengoechea y Olga Lucía Moreno. Todas estas personas en algún momento, sin capital alguno, fueron empleados de la familia Cuevas, como Eduardo Sandoval, quien era su mensajero.

Precisamente por su razón social, los investigadores creyeron que estas empresas estaban dedicadas a los negocios con combustibles, pero se estableció que aparentemente su principal actividad estaba relacionada con las artes gráficas. Como común denominador de estas compañías de papel, la Fiscalía determinó que a pesar de declarar un capital pagado en cada una de $1.230 millones, este patrimonio no se reflejaba en ninguna edificación, ni maquinaria, ni terreno alguno y lo peor de todo, no poseían cuentas bancarias reconocidas. Las pocas que descubrieron los investigadores, estaban a nombre de Mobil Ami, Alaska y Yukon a nombre del gerente Holberg Hamman.

Empresas de fachada

Para su actividad comercial referente al petróleo, tal como lo certifica la Cámara de Comercio de Bogotá, cada una de estas empresas utilizaba como fachada una oficina del World Trade Center, donde sólo trabajaba una persona, Holberg Hamman, que actuaba como gerente de todas las compañías, con un escritorio y cuatro sillas como único mobiliario.

Los investigadores establecieron que por medio de estas empresas de fachada, los Cuevas se dedicaron a traer millonarias sumas en dólares para invertirlos posteriormente en el sector financiero y bursátil colombiano, y después girarlos a una multitud de personas jurídicas y naturales, que en la mayor parte de los casos figuraban con números de cédulas falsas.

La intención no era otra, que ocultar la identidad de las cadenas de endosos para desdibujar el resto de los dineros ingresados al país, y en otros casos para invertir gran cantidad de dinero en títulos valores de muy rápida realización, como por ejemplo CDTs a 9 o 10 días de vencimiento, o en títulos valores en firmas comisionistas de bolsa, como Promotora Bursátil y Bermúdez y Valenzuela. Estos títulos eran luego endosados, reinvertidos o redimidos.

Cadena de millones

Se calcula que las sociedades fundadas por los Cuevas introdujeron al país, entre finales de 1992 y mediados de 1996, alrededor de US$118 millones, utilizando los canales del Instituto de Fomento Industrial, IFI y la Financiera Energética Nacional, FEN, con la apariencia de que se trataba de dineros de inversionistas extranjeros.

La cuestión era sencilla. Los aparentes inversionistas extranjeros, consignaban el dinero en las cuentas que el IFI y la FEN tenían abiertas en algunos bancos estadounidenses como el Banco Atlántico y el Citibank de Nueva York, para facilitar la labor de las empresas o personas que deseaban invertir en Colombia. Con el dinero ya consignado a nombre de las compañías de papel como Mobil Ami y otras filiales, Alaska y Yukon, los Cuevas ordenaban tanto al IFI como a la FEN la transferencia del dinero a cuentas corrientes de bancos y corporaciones colombianas.

Este es un paso legal y obligatorio en la negociación de divisas para todas aquellas empresas que reciben inversión extranjera. La diferencia es que los representantes de las empresas de papel de los Cuevas, nunca cumplieron con las otras condiciones que la ley exige para legalizar dineros del exterior, cuales son explicar el origen de los dineros, la empresa que los giraba, la actividad a que estaban destinados, etc. Además, otra condición para regular la presencia de dineros del exterior, es que éstos deben ser declarados en un término de tres meses al Banco de la República. Como es obvio, el Clan no declaró ni un solo dólar.

La inversión extranjera

Asimismo, el Banco de la República certificó las sumas de dinero reportadas por los intermediarios del mercado cambiario, según las cuales Mobil Ami y Mobil Ami Research Colombia S.A. recibieron, entre enero de 1992 y mayo de 1996, la suma de US$117.612.103.23, dinero transferido al Grupo Mobil Ami, Alaska, Yukon Oil y Hudson Oil and Drilling Corporation. También el IFI declaró que entre el 16 de enero de 1995 y el 22 de mayo de 1996, Alaska Petroleum Corporation Limited recibió del exterior US$12.519.273.11 por concepto de inversión extranjera.

La mayor parte de estos dineros por concepto de inversión de capital extranjero, provenían de México, Miami y Nueva York, pero en otras ocasiones también se recibían de Panamá y el Reino Unido. Asimismo, el mecanismo de transferencia de dinero desde el extranjero a las empresas de Colombia era idéntico para Mobil Ami, para Alaska Petroleum Corporation Limited y para Yukon Oil and Gas.

Luego de revisar los estados financieros de Yukon Oil y Alaska, el Instituto de Fomento Industrial suspendió la negociación de divisas de estas empresas. El IFI estableció que los activos totales a diciembre de 1995 eran de casi $4 millones, frente a los $6.522 millones negociados por esas firmas. A su vez, la Superintendencia de Sociedades, formuló cargos a la empresa Alaska Petroleum Corporation Limited, dentro de la investigación 2320-1615 por la presunta violación de las normas sobre Registro de Inversiones Extranjeras. Precisamente esta compañía fue constituida en la Isla de Man, uno de los paraísos fiscales del Caribe.

También, mediante el oficio 8717 del 18 de noviembre de 1996, la Asociación Bancaria a través de la Cifin (Central de Información del Sector Financiera), comunicó a la Fiscalía que las razones sociales que se desprendían de Mobil Ami S.A., de Alaska, de Osaka Drilling y las otras compañías de fachada, no poseían información de cuentas corrientes, tarjetas de crédito, deudas vencidas ni cartera provisionada.

Uno para todos

Antes que la Fiscalía efectuara allanamientos en diferentes residencias de la capital, la casi totalidad de las empresas de papel del Clan de los Cuevas, funcionaban en una oficina alquilada en el World Trade Center de Bogotá, pero posteriormente, cuando las cosas se complicaron, fueron trasladadas a la habitación de una casa particular
Para la Fiscalía General de la Nación, no es una simple coincidencia que Óscar Fernando Cuevas estuviera detenido en Estados Unidos entre 1986 y 1991 y al año siguiente en Colombia, comenzaran las actividades de las empresas como Mobil Ami y posteriormente con las de Alaska.

Según la investigación oficial, es notorio el incremento patrimonial de los Cuevas en los años de operación de las empresas investigadas. "Al parecer las actividades de las empresas Mobil Ami y Alaska, junto con sus subordinadas, han incrementado generosamente el patrimonio de los Cuevas, quienes carecen de soporte legal para producir tal riqueza por medios lícitos", sostiene la Fiscalía.

También los investigadores descubrieron que valiéndose de las empresas Constructora Calle 75 y Asociados, Carestela y Kroll, Distribuidora de Periódicos, era como los Cuevas manejaban sus cuentas corrientes, CDTs y de ahorros, con nombres de terceros. Por ejemplo, en algunas cuentas figuraba como representante legal Eduardo Sandoval, que era uno de los tantos mensajeros empleados por la familia.

Lavando, lavando

Según consta en la investigación oficial por declaraciones de empleados de Promotora Bursátil y Bermúdez y Valenzuela, muchas transacciones que realizaron en esas dos firmas comisionistas a empresas como Mobil Ami y Alaska, eran ordenadas directamente por Óscar Fernando Cuevas.

Asimismo, la Fiscalía ha podido probar que Holberg Hamman sólo actuó como empleado y bajo las órdenes de los Cuevas. Hamman era quien firmaba los cheques de las empresas fachada del Clan, Mobil Ami, Yukon y Alaska, y lo hacía por orden directa de Óscar Fernando Cuevas. Las autoridades también descubrieron que otra gran amiga de Óscar Cuevas, la abogada Patricia Villa, le colaboraba al Clan en muchas transacciones en los bancos. La autoridades también investigan algunos contactos que los Cuevas tenían con un coronel de n ombre Eparquio Tamayo y su amigo Diego López.

De acuerdo al testimonio de Holberg Hamman a los investigadores, "Patricia Villa era la encargada de negociar las remesas de dólares que llegaba del IFI y la FEN. Una vez monetizados esos dineros, Villa colocaba parte del dinero o el total en mesas de dinero, fondos comunes de las fiduciarias, o CDTs a muy pocos días".

Irónicamente, al empleado que seguía las instrucciones al pie de la letra, que fue fiel hasta cuando las autoridades realizaron los primeros allanamientos en propiedades de la familia, el jefe del Clan y cerebro de la organización, Óscar Cuevas, lo quiso culpar de todas las actividades ilícitas de las empresas de papel, cuando fue requerido por la Fiscalía. Más adelante el ente investigador descubriría la verdad y dejaría a Hamman en libertad.

Atrapando ilusos

Pero también los Cuevas, valiéndose del nombre de Mobil, quisieron hacer negocios con algunos Estados brasileños. Hamman sostuvo a los investigadores que "Sidney Pimentel, un consultor, solicitó a Óscar Cuevas financiación para unos Estados del Amazonas brasileño, ante lo cual éste le indicó que Mobil Ami era la indicada para hacerlo. Ante el inconveniente de que no hubiera ningún gringo entre el personal de esta multinacional, los Cuevas acudieron a Joseph Peeples". Según Hamman, el negocio se cayó porque no se pusieron de acuerdo en la comisión que ganaría cada uno.

En declaración rendida ante la Fiscalía el 29 de octubre de 1996, Luís Eduardo Marulanda del Valle, gerente jurídico de Mobil de Colombia, dijo que Mobil Ami S.A. fue una compañía de la Corporación Mobil hasta el año 83 o 85, año en que fue vendida a una compañía americana constituida en el Estado de Delaware, llamada Iasa Andina Corporation. Posteriormente Iasa vendió su interés patrimonial en Mobil Ami S.A. a unas compañías constituidas en Panamá.

Aseguró Marulanda del Valle que Mobil de Colombia, Mobil Oil de Colombia, ni ninguna otra Mobil en el mundo tiene relaciones comerciales ni vínculos con Mobil Ami S.A. y las otras filiales que los Cuevas montaron con el nombre de Mobil. Afirmó Marulanda a los investigadores, que a finales de 1995 acudió a su oficina el señor Sidney Pimentel, como representante de una firma de consultoría en el Brasil, que había sido engañado por Mobil Ami S.A. al inducirlos a pensar que esa empresa era parte de las compañías Mobil en el mundo. Por ello funcionarios de Mobil Ami S.A. se trasladaron a Brasil, haciendo incurrir a su firma de consultoría en gastos y suscribir contratos con gobernaciones de dicho país. La táctica utilizada por Mobil Ami fue la de introducir a Joseph Peeples, a quien presentaron como alto funcionario de Mobil Corporation.

En su declaración ante la Fiscalía, Óscar Cuevas sindicó a Sidney Pimentel de ser "un aventurero de bajos alcances", que ante las malas referencias bancarias que tenía, "los funcionarios gubernamentales de Brasil lo marginaron de las negociaciones y ante la perspectiva de perder su comisión del 1%, organizó toda clase de intrigas".

Objeto social: hacer dinero

Para la Fiscalía está claro que Óscar Cuevas mintió en sus declaraciones al decir que "el objeto social desarrollado principalmente por el grupo Mobil Ami ha sido el negocio de energía y sus derivados en forma muy explícita. No obstante la realidad demuestra lo contrario puesto que la única actividad desarrollada por Mobil Ami desde finales de 1992, fue recibir transferencias de dinero desde el exterior, invertirlo en títulos valores y girarlos a personas muchas veces inexistentes", tal como consta en la investigación.

Dice el ente investigador que entre todas la sociedades implicadas en las transferencias de dinero desde el exterior entre enero de 1992 y junio de 1996, suman una cantidad cercana a los US$118 millones, una gran cantidad de dinero que determina el enriquecimiento ilícito de los Cuevas, a los que legalmente no se les conoce actividad alguna, amen de ser socios de empresas que fracasaron como Carestela, Kroll y Latinoamérica Internacional.

Concretamente, la Fiscalía sostiene textualmente que "ninguno de los Cuevas ha presentado declaración de renta y complementarios en los últimos años ni en Bogotá donde tienen fijada su residencia y poseen varias propiedades cuantiosas, ni en Cali donde residen varios familiares y amigos suyos y donde igualmente son titulares de varios inmuebles. Otro indicio que salta de bulto es el de la magnifica educación que ostentan los sindicados quienes son profesionales universitarios de prestigiosos centros nacionales y del exterior, con mucha experiencia en banca internacional y negocios financieros. Estos hechos están probados y de ellos deducimos la conducta tendiente a ocultar sagazmente la realidad del ilícito".

Se cierra el círculo

Ante la evidencia de estos hechos, la Fiscalía, mediante auto del primero de julio de 1997, acusó a Óscar Cuevas y a sus hijos Óscar Fernando y Eduardo José, de enriquecimiento ilícito proveniente del narcotráfico, lo mismo que a Carlos Enrique Pérez, Alfonso Cuélar y a Ruby Elena Ortega Hinestroza. La labor de Pérez, Cuéllar y Ortega Hinestroza, fue el servir como gerentes de apariencia a las sociedades de papel constituidas por el Clan de los Cuevas.

Ese mismo día, la Fiscalía ordenó la detención preventiva de los sindicados, aunque al jefe de la familia, Óscar Cuevas, le impuso la medida de aseguramiento con detención domiciliaria dado su avanzado estado de edad y salud. Mediante oficios al CTI, la Dijí y el DAS, la fiscalía expidió las respectivas órdenes de captura.

Sin embargo, casi dos años y medio más tarde, los investigadores apenas pudieron atrapar al primero de ellos. Fue a Óscar Fernando Cuevas, a quien las autoridades lograron detener en Bogotá el 20 de diciembre de 2000 cuando efectuaba una transacción en una sucursal de Bancafé al norte de la ciudad. Según la Policía, en el momento de su captura, Cuevas Cepeda mostró una identidad falsa a nombre de Jairo Edilberto Galeano Lee, un colombiano muerto seis años antes en Roma, Italia.

Cuando se sintió descubierto, ofreció a los policías US$3 millones para que lo dejaran libre. Esta vez, el soborno no funcionó y ese día prenavideño se convirtió para Cuevas en una pesadilla. Ahora deberá enfrentar todo el peso de la justicia, aunque posiblemente también volverá a reconocer las cárceles de Estados Unidos, si es solicitada su extradición a ese país. Su hermano Eduardo José todavía está huyendo.

La ironía de esta historia, es que Cuevas Cepeda lo tuvo casi todo para triunfar: la mejor educación, dinero, conexiones, respetabilidad, posición, clase social, pero le faltó honestidad y ética. Estas dos cualidades se le pasaron por alto, a pesar de haber estado en la Universidad de Harvard. Simplemente se dejó llevar por la ambición como cualquier vulgar delincuente y eso, a la larga, se paga. Con su detención, comenzó el final para el Clan de los Cuevas, la familia que renegó de lo que aprendió en Harvard.

Tomado de:
http://www.primerapagina.com.co/MostrarDocumentoPublico.aspx?id=1136935

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