miércoles, 12 de mayo de 2010

La droga en las Universidades de Colombia

EL COLOMBIANO Este es el baño del bloque 22 de la U. de A. Allí se descubre un dibujo que sintetiza el camino que pueden seguir quienes consumen heroína, una droga poderosamente dañina cuyo uso está creciendo.

¿QUIÉNES ESTÁN DETRÁS de los estupefacientes que circulan en el denominado "Aeropuerto"? ¿Qué sucede en otras universidades?

El sol ha resuelto instalarse hoy sobre la cancha de fútbol de la Universidad de Antioquia. Es lunes 19 de abril, son las 11:30 de la mañana y el primer puesto de venta de estupefacientes abre sus puertas.

El vendedor no tiene problema en exhibir su producto. Sobre un pupitre, que se ubica a los ojos de la obra del maestro Eduardo Ramírez Villamizar -una mole de hierro que para suerte de los dealers no habla ni se inmuta-, se afilan cinco cigarrillos de marihuana, armados, y dos paquetes transparentes de mayor cantidad. Están a la luz, pero nadie los ve.

Unos 200 pasos más atrás se levanta el bloque 22 de Artes Plásticas. Y, en el segundo piso, el baño de hombres donde encontraron convulsionando a Camilo Andrés Quintero Mesa, el 27 de enero de este año.

El joven ingresó ese día a las 10:30 de la mañana por la portería de la Avenida Ferrocarril, quedó consignado en los libros de registro de la institución. A las 12 menos cuarto, su cuerpo despidió el último suspiro.

Una jeringa gigante pintada sobre las baldosas recuerda a quienes ingresan al baño, "que esto no es jugando", que de la jeringa a la tumba sólo hay un paso de puro vértigo.

"Uno de los chicos entró al baño de hombres y sintió que cayó algo. Abrió la puerta y el tipo estaba ahí en el suelo con la jeringa en el brazo. Fue una cosa muy triste que nos golpeó a todos", dice un testigo.

Otro estudiante recuerda que el viernes 16 de abril, en uno de los pasillos de la misma Facultad, una bulla inusitada les hizo creer que pasaría nuevamente lo mismo.

"Había un muchacho inyectándose en las escalas. Y ni siquiera los vigilantes, sino los mismos tipos que venden la droga atrás lo estaban sacando a cachazos por estar metiendo en la Facultad. A ellos nos les conviene que les 'calienten' la plaza", relata.

Ni el consumo ni la venta de alucinógenos es algo nuevo en la institución. El 25 de enero de 2006 se produjo la muerte de John Renato Rúa Mejía, en el Bloque 20-146. Una mujer, en los mismos hechos, debió ser hospitalizada.

Los testimonios de los estudiantes hablan por sí solos. "La gente saca las sillas y te ponen encima la libra de marihuana y te los venden armados y te los venden en moño, la cantidad que vos querás. Igual, uno no se las va a dar de santo, pero encontrás desde cerveza, hasta guaro y chicha", dice alguien más.

¿Cuál es la ruta?
De la Urbe , el periódico de la Facultad de Comunicaciones, denunció en junio del año pasado que "en el 'Aeropuerto' (como llaman a esa zona de la universidad) se puede adquirir un gramo de clorhidrato de cocaína en 5 mil pesos, diez 'diablitos' de bazuco por 5 mil, un "bareto" de marihuana en mil, además de botellas de vino casero, aguardiente, ron y cerveza".

Ahora, ¿cómo ingresan toda esa cantidad de droga para que pase invisible a ojos de la autoridad? Buena pregunta. El vicerrector general del Alma Máter, Martiniano Jaime Contreras, argumenta que las posibilidades de que sea a través de las mallas que circundan el campus, son las más altas.

Por la Ciudad Universitaria circula diariamente una densa masa de 25.000 personas, esto es, la mitad de los habitantes de municipios como La Estrella o Caldas. Son cinco porterías y 28 vigilantes que tienen como únicas armas, los ojos y las manos.

"Los muchachos llegan con unos morrales que parece que fueran para la Luna", dice el vicerrector. Sin contar que 3.300 personas, ajenas a la institución, entran todos los días a utilizar servicios como la Biblioteca y el Museo. "Eso no lo controla nadie", confiesa un docente.

Si hay algo claro es que las directivas universitarias no tienen funciones de Policía. "Si yo vengo y te agredo dentro de esta oficina, me inscribo en lo que se denomina un delito penal. No se puede confundir la autonomía universitaria con la extraterritorialidad", agrega Martiniano.

Y es que los esfuerzos policiales parecen no haber dado frutos. El viernes 20 de marzo del año pasado, a las 4:45 de la tarde, se puso en marcha un operativo que devino en la captura de 30 personas. Sin embargo, pocas horas después los detenidos ya estaban respirando las calles debido a una ligereza en el procedimiento, según la interpretación de un Juez de Garantías.

"Ese operativo no se hizo bajo el marco legal de una orden impartida por un fiscal", rememora alguien cercano a los hechos. El secretario de Gobierno de Antioquia, Andrés Julián Rendón, asegura que como consecuencia, se han dedicado varios consejos de seguridad para buscar anular lo que se considera una verdadera plaza de vicio.

Rendón habla de inversiones futuras que permitirán mejorar la seguridad y hace énfasis en que las directrices del presidente Álvaro Uribe Vélez son claras: que la Policía entre cuando sea necesario.

Tanto el funcionario, como la directora Seccional de Fiscalías de Antioquia, Martha Penagos, coinciden en que estamos ante un problema que se enquistó con los años en la vida universitaria.

"La situación parece haber empeorado últimamente. Hablo muchísimo con el Rector (Alberto Uribe Correa) y estamos en ese punto, con propuestas de trabajo pero para ir al fondo del asunto, como lo necesita la ciudad", dice Penagos.

El "Aeropuerto"
Son las 4:00 de la tarde de un viernes cualquiera. El "Aeropuerto" reverbera. La cerveza está agotada, dice uno de los vendedores, pero "se le tiene chicha, si prefiere", dice.

Es la hora en que muchos vendedores empacan la droga en paqueticos, a la vista del público. Es la hora en que comienzan a llegar pequeños grupos de consumidores, es la hora en que el viento comienza a cruzar espeso y oloroso.

Un joven se acerca y ofrece galletas con sabor a marihuana, esas a las que suelen llamar "ganjetas", palabra que se deriva del término "ganja", explica un desprevenido.

Aunque no es el mismo paisaje que se dibuja en universidades de carácter privado, hechos policiales denotan que los expendedores encuentran en los estudiantes, en general, un buen gancho para generar réditos.

Un investigador de la Sijín de la Policía asegura que en noviembre del año pasado se detectaron varios inmuebles cercanos a la Universidad de Medellín, en los que se vendía toda clase de drogas. "Luego de un trabajo de seguimiento e individualización, nos dimos cuenta que era gente que provenía de sitios como barrio Antioquia", dice la fuente.

Por información de los mismos estudiantes se supo que en la Universidad Pontificia Bolivariana (aunque en proporciones considerablemente inferiores) comenzó en un tiempo a constituirse una especie de "aeropuerto" chiquito, cerca de las canchas que dan al bloque de Bienestar Universitario.

"Te puedo decir que es un problema que no es exclusivo de los claustros públicos. Que hay casos que la prensa ha resaltado en la Universidad de Antioquia, es una cosa. Pero no quiere decir que allá el consumo sea mayor o menor, eso no está evaluado", dice el médico y experto de Carisma, Francisco Hernán Sierra.

Una de las conclusiones a las que llega el grueso de fuentes consultadas, fuera y dentro de las universidades, es que meterse con un vendedor es meterse con una organización criminal. "Es un asunto delincuencial del que ni siquiera conocemos sus proporciones", anota un directivo que prefiere no comprometer su nombre.

No es un secreto que en la Universidad de Antioquia pocos se atreven a denunciar. Mucho se habla de amenazas a personas que han intentado persuadir a estudiantes y encaminarlos hacia actividades curriculares o deportivas.

Y es que la presencia de armas de fuego en el Alma Mater ha quedado en evidencia en varias oportunidades. En enero del año pasado se presentó un atraco a mano armada, simultáneamente, en dos cafeterías y en la Librería, tal como lo documentó la prensa en su momento.

En la retina de la ciudad quedó registro aquel 12 de marzo de 2009, día en que fue asesinado a tiros y mientras jugaba cartas en plena Facultad de Derecho, el estudiante José Andrés Isaza Velásquez.

El mismo rector de la Universidad, Alberto Uribe Correa, denunció públicamente que, el pasado 23 de abril, tres encapuchados con revólveres intimidaron a una persona para robar una "burbuja de café", como llaman a los pequeños negocios que nacieron para solventar a los estudiantes de bajos recursos.

El 25 de junio de 2006 es recordado como uno de los días más aciagos en la historia reciente del Alma Mater. El profesor de los semilleros de matemáticas, Gustavo Loaiza Chalarca departía con algunos alumnos al frío de unas cervezas, antes de ser abaleado.

Sus amigos dicen que Gustavo era de los que le "robaba" estudiantes al vicio. "Les decomisaba las cartas en los pasillos. Los persuadía para que se alejaran de las drogas".

Cuatro años después, se desconoce de quién es la mano criminal que decidió que el "profe" no debía seguir aconsejando a los muchachos.

Contexto

Atención: la heroína no es un juego


Un estudio regentado por la Secretaría de Salud de Medellín y orientado por la Universidad CES (en el que fueron consultados 4.764 estudiantes, entre 10 y 19 años), reveló la semana pasada que la heroína es la segunda droga que comienza a consumirse a más temprana edad, después del bazuco: a los 12 años.

El médico experto de Carisma, Francisco Hernán Sierra, dice que en los últimos años se ha presentado en Medellín una epidemia. "Cuando digo de epidemia es que antes del 2003 el consumo sólo se presentaba en personas que venían del exterior. Pero a partir de ese momento comienzan a buscar apoyo, en centros de tratamiento, los nacionales", dice. Sierra revela que en Carisma se pasó de dos pacientes, en 2003, a unos 60 en la actualidad. "Sabemos que la heroína está permeando la universidad, puesto que un número significativo de nuestros usuarios son estudiantes de los diferentes claustros del Valle del Aburrá", concluye.

Un investigador judicial asegura que este año en Medellín no hay incautaciones de esa droga. Advierte, además, que luego de estudios de laboratorio, a algunas muestras confiscadas, los expertos determinaron que se trataba de otras sustancias que en su momento fueron vendidas como heroína.

Contexto

Hablan directivos de tres universidades


"Es un reto y una preocupación": Rector UPB
"La problemática de las drogas psicoactivas es para nosotros un reto. Porque tenemos amenazas externas, un mercado propiciado por el narcotráfico que está antojando a la juventud. Pero tenemos un gran reto teniendo en cuenta las edades de los estudiantes que ingresan a nuestra universidad. Y es que están entrando adolescentes de 14, 15 y 16 años. Es decir, muchachos que se dejan persuadir muy fácilmente de las ofertas del medio y que creen que con el uso del alcohol o drogas, son más hombres o más mujeres, mejor dicho, más maduros; cuando es todo lo contrario. Tenemos una gran preocupación y en eso coinciden las tres universidades que están investigando y son los negocios en torno a los claustros, llámese bares, discotecas o cafeterías, que son utilizadas para recoger a los jóvenes y ofrecerles este tipo de elementos": Monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, rector de la UPB.

"Una situación controlada": Rector U. de M.
Desde mi época de estudiante aquí en la universidad (1970-1972) empezamos a ver que se consumía marihuana. De allá para acá, ha venido incrementándose porque ya no solamente es marihuana sino que se utilizan otro tipo de drogas, lo que sí ha afectado mucho a la comunidad estudiantil. En la Universidad de Medellín hay, pero nosotros lo tenemos controlado y en eso somos muy estrictos. El consumo de ese tipo de sustancias dentro del campus tiene una sanción disciplinaria. Nosotros respetamos aquellas sentencias de la Corte Constitucional en su momento, pero por razón de la autonomía universitaria no permitíamos ese consumo. Hay estudiantes que han sido expulsados. Incluso, se han presentado casos en los que una vez han adelantado un proceso de rehabilitación, hemos vuelto a recibirlos": Néstor Hincapié V., rector Universidad de Medellín.

Violencia contra la misión: Vicerrector U. de A.
"La única manera para que haya desarrollo y conocimiento es que haya libertad. Libertad de investigación, libertad de cátedra, libertad de expresión. Y en el momento en que se presente un atentado violento, se está atentando contra la parte misional de la Universidad. Cuando de acciones delincuenciales y criminales se trata, son la Fuerza Pública y la Justicia las que entran a dirimir. El hecho de que tengamos una autonomía no nos puede favorecer o legalizar la impunidad. El problema de la seguridad depende mucho de lo que hemos construido en 40 años. Convivimos con la diferencia del mundo, pero en una forma pacífica. En este momento, por ejemplo, tenemos el robo de bicicletas y motos en cero. Eso ha sido el resultado de las estrategias": Martiniano Jaime Contreras, vicerrector U. de A.

Tomado de
http://www.elcolombiano.com/BancoConocimiento/A/asi_se_pasea_la_droga_en_la_u/asi_se_pasea_la_droga_en_la_u.asp?CodSeccion=211

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