martes, 28 de abril de 2009

Colombia: ¿Por qué nos matamos?

Por Aura Lucía Mera

“’Masacre’ inmovilizó a los prisioneros, los ‘empelotó’, les tapó la boca con cinta adhesiva y los amarró a tres árboles diferentes. Sacó una navaja y empezó con el joven de aspecto citadino. Le hizo un tajo horizontal a la altura del cuello, con una pinza apretó parte de la piel herida y le dio un tirón hacia abajo. El tipo perdió el conocimiento, mientras su cuerpo se bañaba en sangre. Después siguió con el segundo, con la diferencia de que éste se desmayó al tercer tirón de piel. Cuando le llegó el turno al viejo, éste ya estaba muerto. Parece que murió, se infartó.”

“No soy ningún cobarde, Sargento. No matar a una niña indefensa NO es cobardía... Le alcancé a gritar antes de verlo suspendido en el aire, levantado por la ráfaga de mi ametralladora… Soy ex combatiente de las Fuerzas Militares de Colombia y ex combatiente de las Farc. En el Ejército vi cómo muchos de mis compañeros, más que soldados, se habían convertido en asesinos a sueldo. No les importaba llegar a una casa, sacar a una persona, colocarle un arma y asesinarla, para, más tarde, hacerla pasar por guerrillera”.

“…cómo es la vida. Fue una batalla histórica entre nosotros ‘guerrillos’ y los ‘paracos’. Un guardia ‘paraco’ me detuvo. Le dije que era ‘Raspachín’ y que venía a buscar una ropa. El ‘paraco’ me creyó la historia. Al otro día fue la batalla. Mientras avanzaba miraba el reguero de muertos por el camino. En una de las casas descubrí el cadáver del ‘paraco’ con el que había hablado. Cómo es la vida”.

“…los prisioneros estaban medio desnudos, pero ‘Pate Gamba’ nos había convencido de que los de las AUC éramos privilegiados y que combatíamos para derrotar al comunismo. Ellos estaban tirados en el piso, amarrados. Sobre todo, ‘El Negro’ estaba irreconocible: hinchado y la cabeza le chorreaba sangre. Lo patearon en la cabeza. Un olor de morcilla cruda y mierda inundó el lugar. Una mosca empezó a merodear”.

Estos son apenas algunos párrafos de jóvenes reinsertados tanto del Ejército como de las Farc y las AUC. Jóvenes que fueron convencidos de luchar por su patria, unos contra el comunismo, otros contra las injusticias sociales, otros por la paz de la Patria. Todos creyeron. Todos fueron engañados. Ahora son líderes de la Fundación para la Reconciliación. Un libro impactante, editado por la Alcaldía Mayor de Bogotá y la Fundación. Un excelente prólogo de Clara López Obregón. Un libro estremecedor que deberíamos leer todos los colombianos. Un libro para preguntarnos una y otra vez ¿por qué nos matamos? ¿Para qué esta guerra de campesinos contra campesinos? ¿De jóvenes contra jóvenes? Los muertos jamás los ponen los altos mandos. Los muertos, la carne de cañón, siempre son los miles que escuchan cantos de sirenas, creen en una vida más justa y necesitan sobrevivir. Es hora de parar este horror. De tender las manos para estrechar otras manos. De asumir cada uno nuestras responsabilidades y no cerrar más los ojos ante este genocidio caótico, carente de ideales y de metas, repleto de mentiras y ambiciones. ¿Quién de nosotros se atreve a tirar la primera piedra?

Tomado de:
http://www.elpais.com.co/historico/abr282009/OPN/op2.html

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