sábado, 18 de abril de 2009

El Calvario

Catorce militares muertos en emboscada senderista en Sanabamba durante Semana Santa replantean estrategia antisubversiva.

Martes 14, 10.45 am. Nueve soldados abatidos en Sanabamba reciben los honores correspondientes en el aeropuerto de Pucallpa.

“Esto me tiene hasta acá”, se lamenta el ministro Ántero Flores Aráoz mientras se lleva las manos a la cabeza. “Es una tragedia, pero también es muy fácil criticar desde afuera. Esta es una guerra con logros y también errores. Vamos a proseguir con nuestros planes trazados en el VRAE”, promete. Luego desafía a quienes piden su cabeza y asegura que la renuncia no está entre sus planes.

Al mediodía del martes 14, Flores Aráoz sigue pasando revista a los últimos informes de la emboscada senderista que dejó 14 militares muertos en la selva de Sanabamba, entre Ayacucho y Junín, en lo que fue el trágico Jueves Santo.

El ministro parece guarecerse en su amplio escritorio del despacho ministerial, en el piso seis del Cuartel General del Ejército. Ahora el fuego político le cae graneado.

Flores Aráoz se encontraba en Lima cuando ocurrió el atentado. Inicialmente se le informó que había solo un muerto. El Viernes Santo supo que la cifra de fallecidos había subido a 13.

Suspendió inmediatamente el viaje que iba a realizar a Brasil, el domingo 12, para participar en la feria Latin America Aerospace and Defense, que reúne a empresas internacionales especializadas en material de guerra.

Un Comando de Emergencia fue instalado en el ‘Pentagonito’ y desde allí empezaron a monitorearse las labores de rescate y traslado de víctimas a Ayacucho y Lima

¿Cómo se desató el infierno? Ubicado a 2,500 metros sobre el nivel del mar, en el distrito de Ayahuanco, provincia de Huanta, en los linderos del VRAE, Sanabamba es una de las entradas a Vizcatán, el hasta hace poco bastión inexpugnable de Sendero.
Vista aérea del centro poblado de Sanabamba y la ruta exacta que recorrió la patrulla militar hasta el lugar donde ocurrió la emboscada.

Allí, en ceja de selva, hay un centro poblado de 120 personas y una base militar con 60 hombres que fue instalada hace ocho meses, con el inicio de la ofensiva del Comando Conjunto de las Fuerzas Armas para tomar ‘Vizcatán’.

La zona es una antigua ruta de los ‘mochileros’, que sortean continuamente los caminos de herradura por entre los cerros y precipicios. Un puente colgante llamado Supichipampa (que significa, con poca sutileza, pampa donde se tiran pedos), construido hace 20 años sobre el río Mantaro, a 9 kilómetros de Sanabamba, es la puerta de ingreso y salida de los insumos químicos que abastecen a los narcos del VRAE.

En la década de los 80 este poblado fue abandonado por la amenaza de los terroristas. Posteriormente y luego de que los Comités de Autodefensa cumplieran un rol protagónico en la lucha contra el terrorismo, sus habitantes volvieron para retomar sus cultivos tradicionales. Pero esto duró sólo algunos años. Con la captura de Abimael Guzmán, en setiembre de 1992, la presencia de los ronderos en la zona fue disminuyendo al extremo que los pobladores tuvieron que convivir con el camarada ‘Feliciano’, y luego con las huestes de ‘José’, el autor de la masacre del Jueves Santo.

A LAS 10 AM DE ESE JUEVES, una patrulla compuesta por 31 efectivos, repartidos en dos grupos, partió de Sanabamba hacia el puente Supichipampa. Los soldados, de entre 18 y 20 años, estaban jefaturados por el capitán EP Fernando Suárez Pichilingue (32). Según la versión oficial, la misión era emboscar a una columna senderista como parte de un plan táctico denominado ‘Tormenta’.

Pero sucedió lo opuesto. Los dos grupos, separados a una distancia de 100 metros el uno del otro, emprendieron a paso lento la marcha de 9 kilómetros por un estrecho camino que serpentea la quebrada de Sanabamba. A media ruta, los militares se encontraron con el campesino Froilán Gutiérrez, que regresaba al pueblo.

La muerte llegó a eso de las 3 pm. Una cadena de explosiones, provocada por minas artesanales sembradas en el camino y las faldas del cerro, hizo volar a los militares. Algunos soldados fueron a parar a las ramas de los arboles, mientras otros rodaron por la quebrada. El sargento EP José Huamán Silva (26), que iba en el segundo contingente, alcanzó a escuchar seis explosiones. Intentó sobreponerse en medio de una lluvia infernal de balas, pero la pierna derecha no le respondió. “Escuché gritos de mujeres y hombres, pero hablaban en quechua y no entendía”, contó Huamán, a quien amputaron la pierna en el Hospital Militar. “Me arrastré hacia el borde del camino y me oculté entre la maleza. Vi cómo mataron al capitán (Suárez). Fueron cuatro terrucos, entre ellos dos mujeres. El capitán estaba con vida y lo remataron con machetazos y piedras. Le destrozaron el cráneo”.

Según el cabo Luis Pérez Suña (22), otro de los sobrevivientes, fueron unos 40 los atacantes, entre hombres, mujeres y niños, aunque este dato no ha sido corroborado.

Los terroristas se apoderaron de 12 fusiles Galil de origen israelí, un lanzagranadas para seis explosivos, una ametralladora MAC y municiones.

Una alta autoridad militar dijo a CARETAS que no está confirmada la versión propalada por el diario El Comercio, según la cual la emboscada estuvo a cargo de la camarada ‘Olga’. El único que ha reivindicado el ataque es el camarada ‘José’, mando político del llamado Comité Regional Principal de SL en el VRAE (ver recuadro).

El jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, general EP Francisco Contreras, aseguró a CARETAS que la patrulla comandada por el capitán Suárez cometió un grave error de procedimiento. “Salieron a plena luz del día, cuando la técnica del patrullaje ordena hacerlo de noche por infiltración”, declaró Contreras. “No tomaron en cuenta que podían ser fácilmente observados desde las cumbres de los cerros . Yo mismo viajaré a la zona para pedir explicaciones al jefe de la base del por qué se cometió esta negligencia. El que pierde el secreto, pierde la sorpresa”.

Según la versión de Contreras, el capitán Suárez se mandó por su cuenta en un territorio infestado de terroristas y narcos. ¿Por qué habría de hacerlo? Versiones del propio Ejército refieren que la patrulla militar habría salido a “cazar huevitos”: interceptar ‘mochileros’ en el puente Supichipampa con presuntos fines de extorsión. En el camino habría sido sorprendida por los senderistas que prepararon una rápida emboscada.

Consultado, un alto oficial del Comando Conjunto negó estas versiones y sostuvo que el contingente de soldados se vio obligado a salir durante el día por la carencia de visores infrarrojos nocturnos.

LA MASACRE TERRORISTA se produjo a escasas 48 horas de la sentencia a Alberto Fujimori por violación a los derechos humanos, pero no existe evidencia alguna de conexión entre ambos sucesos, como deslizaron medios fujimoristas.

El Sendero del VRAE opera como una banda criminal en alianza con el narcotráfico desde los tiempos de Fujimori, tiene colaboradores entre los comuneros y suele atacar en días festivos, cuando las fuerzas del orden bajan la guardia. El método, sin embargo, no puede hacer pasar por alto la dogmática ideología que todavía impregna las consignas senderistas.

La actividad senderista en el VRAE es permanente y allí radica el drama. En agosto del año pasado, el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas lanzó una singular ofensiva para tomar Viscatán y cazar a los remanentes senderistas (CARETAS 2046). El operativo ‘Excelencia 777’ culminó en diciembre y, según el Ministro de Defensa, se logró recuperar Vizcatán, Bidón, Huachocolpa, Cochabamba, Unión Mantaro y Mazángaro. Sin embargo los senderistas escaparon, admite.

El general Contreras asumió la presidencia del Comando Conjunto en enero y reanudó los operativos un mes después, pero sin la misma intensidad de los meses previos.

Desde agosto a la fecha, los soldados muertos en el VRAE suman 34.

“Hasta ahora lo único que tenemos es decenas de muertos, ni un solo senderista abatido”, se quejó el ministro del Interior, Fernando Rospigliosi. El ex presidente del Comando Conjunto, almirante AP (r) Jorge Montoya, replicó alegando que “esta es una estrategia que tiene un plazo de cinco años. Lo importante era entrar a Vizcatán. Pero el presupuesto es insuficiente para la realización de las operaciones de campo”.

Para el operativo ‘Excelencia 777’, las FF.AA. solicitaron S/. 80 millones, pero se les asignó la mitad. En todo el VRAE sólo hay cuatro helicópteros.

El locuaz general EP (r) Edwin Donayre reveló en RPP que se opuso a la ofensiva en Vizcatán cuando era jefe del Ejército, el año pasado. El Ministro de Defensa dijo a CARETAS que Donayre se quejó de la falta de inteligencia militar en la zona. El pedido fue atendido y, en junio del 2008, se promulgó un decreto para reactivar el arma de Inteligencia EP, eliminada luego de la caída del régimen fujimorista.

Pero la decisión de acometer militarmente el refugio senderista de Vizcatán, y cortar su conexión con el narcotráfico, fue impuesta por el Comando Conjunto, que entonces presidía el almirante José Aste, secundado por el general EP Otto Guibovich, actual jefe del Ejército.

El sangriento revés en Sanabamba puso de manifiesto las complejidades y tensiones clásicas entre las FF.AA. operativas y la autoridad civil. Desde el reclamo de falta de recursos y equipamiento logístico y militar adecuados, hasta el enfrentamiento con las autoridades judiciales.

El propio ministro Flores Aráoz enfiló sus críticas contra el Ministerio Público y el Poder Judicial por liberar a dos presuntos terroristas del VRAE.

Pero el martes último el presidente de la Corte Suprema, Javier Villa Stein, respaldó tajantemente al juez de San Franscisco, Calmep Berrocal, autor del fallo. “Los dos individuos eran analfabetos, que a todo dicen sí, papá, sí, papá”, describió Villa Stein.
El premier Yehude Simon y el Ministro de Defensa serán convocados al Congreso para explicar, además del componente militar-policial, qué pasó con el llamado ‘Plan de Desarrollo VRAE’, lanzado en el 2007 con un presupuesto de S/. 200 millones y bajo la batuta del sociólogo Jorge Durand. Mientras tanto, comandos de la Marina y del Ejército buscan a los asesinos de Sanabamba.

Un alto oficial del Ejército reconoció que, en los últimos dos meses, se bajó la guardia, fue descuidada la inteligencia y se perdió conexión con la Policía. (Américo Zambrano, Abilio Arroyo).

El Sendero de ‘José’

Líder terrorista reinvindica masacre en audio. No es un narco cualquiera

Víctor Quispe, ‘José’, en video obtenido por Gustavo Gorriti en diciembre. 2008.

Víctor Quispe Palomino, conocido como camarada “José”, es quien reivindicó la masacre de Sanabamba mediante un audio dado a conocer el lunes 13 por el diario Jornada y la agencia de noticias Inforegión. Otro audio grabado muy recientemente, apenas el 25 de marzo, y que fue facilitado a CARETAS en exclusiva por las mismas fuentes, arroja luces sobre el enemigo que hoy enfrenta el Estado peruano.

La proclama de “José”, quien se presenta como “un miembro del Partido Comunista del Perú”, plantea “el desarrollo de la guerra popular democrática de resistencia antiimperialista y antiyanqui”.

Si bien queda claro que “José” sigue desenvolviendo su lucha dentro del paraguas de Sendero Luminoso, sí diferencia dos etapas: “la que empezó en el Perú en 1980” y la del énfasis antiyanqui “que se desenvuelve desde el 30 de agosto del 2008”. A pesar de ello, asumirlo como un nuevo movimiento sería un grave error de percepción. La reivindicación de la fórmula marxista-leninista-maoísta es repetida hasta el cansancio.

Se refiere a una “cuarta guerra mundial imperialista” con un “botín de las regalías... En América del Sur, los yanquis a través del Comando sur, están militarizando zonas que poseen rutas y negocios de drogas, reservas de petróleo, gas natural y recursos naturales”.

Al menos de boca para afuera, el deslinde con Abimael Guzmán no admite medias tintas. “Gonzalo prácticamente... no ha dirigido una institución democrática nacional dentro de sus estrategias sino que ha desviado las políticas fundamentales del partido”, acusa. “¿Por qué? Porque no comprendió las características de la sociedad peruana contemporánea, no comprendió quién es el auténtico amigo y el verdadero enemigo y planteó incluso desde sus conceptos intelectuales pequeñoburgueses... una política radical extremista y no una política agraria como corresponde. Una política terrorista, hasta se divorció de las masas básicas de la clase obrera y del campesinado, como propio de su política ultraizquierdista, aventurera y dogmática, necesariamente la revolución”. Cataloga el acuerdo de paz como una “miserable traición”. Más adelante termina su intervención con la consigna de “abajo el revisionismo de Gonzalo y su dirección central”.

En medio de una cascada de adjetivos, el terrorista reconoce que “después de la fracasada operación Excelencia, las masas campesinas se replegaron a los centros poblados de la sierra”. También condena lo que califica como el despoblamiento de Camisea.

El discurso de “José” es enrevesado y cargado de lugares comunes, pero sumamente ideologizado. Aunque admite la convivencia con los narcotraficantes, a quienes reduce casi a la condición de simples asalariados, el especialista de Inforegión, Rubén Vargas, alerta que “reducirlos a una firma de narcos es simplemente absurdo. Es un Sendero nuevo que pasa por reconocer su situación residual. Sus estrategias militares y políticas no son para tomarse el poder sino para ver quién maneja las zonas puntuales” (E.CH.).

Tomado de:
http://www.caretas.com.pe/Main.asp?T=3082&idE=823&idS=228

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