viernes, 15 de agosto de 2008

No a la dosis personal

Es evidente que muchos parques de Cali se han convertido en el refugio de decenas de jóvenes que van allí a fumar la dosis personal de marihuana o cocaína que no les dejan consumir en sus casas. Una situación que para nada corresponde a comportamientos privados, ya que se hace a plena luz del día y en un sitio totalmente público. Además despierta la curiosidad de los niños con respecto a los alucinógenos y promueve negocios ilícitos, puesto que es allí mismo donde compran la droga con la que destruyen su salud y su vida.

Tan triste espectáculo debería ser tenido en cuenta por quienes se oponen a la penalización de la llamada dosis personal. En esta cuarta oportunidad en la que el Gobierno la propone ante el Congreso de la República, se cambia la condena de reclusión por la obligatoriedad de realizar un trabajo social o asistir a centros de rehabilitación para quienes sean sorprendidos portando drogas ilícitas.
Está demostrado que la industria del narcotráfico que se asentó en Colombia le ha causado a la Nación un daño incalculable en términos de vidas humanas, de destrucción de los valores sociales y de desprestigio internacional. Pero ya es hora de que el país no sólo se ocupe de combatir el cultivo y la producción y se decida a combatir el consumo de todas aquellas sustancias que están envenenando el futuro de los jóvenes.

Porque eso es más grave que las mafias surgidas alrededor del negocio maldito. Y claro que llama la atención que mientras aquí se pide abolir la permisividad sobre la dosis personal, en otros países se estén impulsando iniciativas en el sentido contrario. Es el caso de Estados Unidos, donde se recurre a la excusa del uso terapéutico de la marihuana para proponer la autorización de usar mínimas cantidades de ella, y de Argentina, donde en voz baja se insinúa que ese proyecto podría ser un mandado de los carteles que se están afincando en esa nación.

Pero ninguna de esas es la situación de Colombia. Aquí es evidente que el libre desarrollo de la personalidad requiere del acompañamiento permanente de los padres de familia, que deben inculcarles a sus hijos la importancia de cuidar su salud y su cuerpo, así como de un sistema educativo en el que la prevención sobre los estragos que causa la drogadicción en las personas y en la sociedad sea materia principal. Pero si esas estrategias no funcionan, como lo demuestran los parques de Cali que permanecen repletos de vicio, las autoridades tienen qué actuar.

Así parece que lo entendió la Administración Municipal cuando hace un mes revivió un decreto que prohibe el consumo de bebidas embriagantes y de alucinógenos en sitios públicos de la ciudad, así se trate de la dosis personal. Es un esfuerzo válido, pero que no puede darse de manera aislada, porque no faltara quién recurra a los intríngulis jurídicos para argumentar que se trata de una medida ilegal, a pesar de que su único objetivo sea salvar a más jóvenes del infierno de la marihuana y la cocaína, mientras los padres de la patria discuten si la libertad dada al ser humano puede llegar hasta permitirle hacerse daño a sí mismo.

Tomado de:
http://www.elpais.com.co/historico/ago092008/OPN/editorial.html

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