domingo, 15 de junio de 2008

La resurrección del horror

El hallazgo de numerosos –de crecientemente numerosos– cadáveres de víctimas de la represión militar en la comunidad de Putis, en la provincia ayacuchana de Huanta, nos recuerda hasta qué punto fue criminal e injusta la acción de las fuerzas del orden en los años de la violencia.

Defender hoy esas acciones, como hacen los voceros de Fujimori, incluido el vicepresidente de la República Luis Giampietri, resulta repulsivo y cínico.

No se defendía el orden, la paz, la seguridad, matando a inocentes. En las fosas de Putis se han descubierto ya restos de 60 personas, incluyendo niños de seis a 12 años de edad.

Una fuente habla de que los asesinados allí fueron 420. Nada justifica esos crímenes. Quienes en su momento repudiamos los dos lados de la guerra sucia, tenemos derecho a denunciarlo. No podemos olvidar que para Sendero Luminoso alguien acusado de “revisionista” (calificativo otra vez de moda en ambiguos circulillos) era candidato seguro a la muerte. Lo señalé, por escrito y con mi firma, jugándome el pellejo, más de una vez.

Pero la crueldad de Sendero (o la del MRTA) no justifica la barbarie del lado oficial. Ni las matanzas, ni la represión contra inocentes, ni las desapariciones forzadas debilitaron al senderismo. Fueron los campesinos y las fuerzas de izquierda quienes más hicieron para la derrota política de las huestes de Abimael Guzmán.

El trabajo de inteligencia de la Policía y la infiltración en las filas de los alzados en armas, las delaciones, fueron más eficaces que los métodos sanguinarios.

Eric Hobsbawm, a quien se considera el mayor historiador actual, publicó el año pasado un libro notable, Globalisation, democracy and terrorism (Little Brown, Londres), que contiene agudas referencias sobre la violencia en Colombia y el Perú.

Escribe Hobsbawm: “significativo es que a pesar de cierto contraterrorismo despiadado por ‘entidades oficiales desconocidas’, ni en Irlanda ni en España ha habido ‘guerras sucias’ en la escala y con el grado de tortura sistemática y terror que encontramos en América Latina. Aquí, el grado de contraterrorismo excedió de lejos la violencia política de los insurrectos, incluso cuando éstos ¬eran dados, como los senderistas en el Perú, a cometer atrocidades.” (página 134).

Al final del capítulo “Terror”, del cual hemos extraído la cita, Hobsbawm nos brinda una advertencia: Estados Unidos está tratando de revivir los terrores apocalípticos de la guerra fría, “que ya no tienen ninguna credibilidad, inventando ‘enemigos’ que legitimen la expansión y el uso del poder global.”

En el Perú juegan el papel de cuco unos supuestos bolivarianos. No faltan pícaros que se ganan la vida blandiendo la amenaza de un MRTA incorpóreo. Y Washington ha ordenado militarizar la acción contra las masas “terroristas”.

* Imagen: Senderista decidido a continuar la guerra, mientras la indolencia frente a las victimas se acentúa. Archivo: Prensa Verde

Tomado de:
http://www.diariolaprimeraperu.com/online/indSeccion.php?IdSeccion=11

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